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Cultivo del tomate 2

Escrito por Flores y plantas el Domingo 24 Julio 2011

En este artículo seguimos con el cultivo del tomate, comentando aspectos relacionados con la poda de formación, aporcado, tutorado, deshijado…

Plantas de tomateras con tomates

Poda de formación
Existen variedades de tomate determinadas e indeterminadas. Las primeras dejan de crecer a cierta altura, mientras que las segundas lo hacen, como su definición indica, de forma indeterminada.

En el caso de las variedades indeterminadas es imprescindible una poda de formación para establecer la estructura principal de la planta.

Esta comienza a los 15-20 días del trasplante con la aparición de los primeros tallos laterales, que serán eliminados, al igual que las hojas más viejas, mejorando así la aireación del cuello y facilitando la realización del aporcado.

Con esta técnica se determinará el número de tallos a dejar por cada planta. Normalmente se dejan 1 ó 2 tallos (brazos), aunque en tomates de tipo Cherry suelen dejarse 3 y hasta 4 tallos.

Aporcado y rehundido
Tras la poda de formación, se suele aplicar la técnica del aporcado con el fin de favorecer la formación de un mayor número de raíces alrededor de la base del tallo.

Esta técnica consiste en cubrir la parte inferior de la planta con la tierra de alrededor del surco.

La técnica del rehundido es una variante del aporcado y se lleva a cabo doblando la planta, tras haber sido ligeramente rascado cierta altura del tallo, hasta que entre en contacto con la tierra gran parte de la base del tallo de la misma, cubriéndola ligeramente con tierra, dejando fuera la yema terminal y un par de hojas. Así la planta re-enraíza en la zona en contacto con el suelo.

Tutorado
Para mantener la planta erguida y evitar que las hojas y sobre todo los frutos toquen el suelo, es imprescindible el tutorado.

Este mejora la aireación general de la planta y favorece el aprovechamiento de la luz y la realización de trabajos de limpieza, tratamientos, recolección, etc., repercutiendo directamente en la producción final, calidad del fruto y control de las enfermedades.

Este puede ser mediante cañas, colocando una por planta y formando cada dos líneas una especie de barraca. Es recomendable colocar cañas trasversales para darle más robustez a la estructura ya que el peso final de la planta es muy elevado.

Las plantas se irán sujetando a la estructura mediante rafia, teniendo la precaución de dejar muy holgadas las ataduras ya que de no ser así, al poco tiempo estrangularán a la planta.

Otra técnica, en especial en invernadero, es la de colocar un hilo de polipropileno (rafia) sujeto de una parte al extremo a la zona basal de la planta y el otro a un alambre situado a determinada altura por encima de la planta (normalmente a 1,8 ó 2,5 metros sobre el suelo.

Conforme crece la planta se va liando o sujetando al hilo tutor mediante anillas, hasta que la planta alcance el alambre.

Determinados tipos de plantas de tomate desarrollan plantas muy largas, por lo que a partir de la llegada de estas a la parte superior de la estructura tenemos tres opciones:

  • Bajar la planta descolgando el hilo.
  • Dejar que la planta crezca cayendo por propia gravedad.
  • Dejar que esta vaya creciendo horizontalmente sobre la estructura superior.

Destallado o deshijado
La planta de tomate tiende a brotar por todas sus yemas. Por ello se hace imprescindible la eliminación de brotes axilares para mejorar el desarrollo del tallo principal.

El deshijado debe realizarse con la mayor frecuencia posible para evitar la realización de heridas graves y que pierda fuerza el tallo estructural principal.

Estos cortes deben ser limpios para evitar la posible entrada de enfermedades. En épocas de riesgo es aconsejable realizar tras un deshijado un tratamiento fitosanitario con algún fungicida-bactericida cicatrizante, como pueden ser los derivados del cobre.

Deshojado
Se realiza básicamente sobre las hojas viejas y/o enfermas para facilitar la aireación, mejorar el color de los frutos, etc.

Despunte de inflorescencias y aclareo de frutos
Sobre todo en variedades de tomate tipo racimo, es recomendable. Con esta técnica se consigue homogeneizar y aumentar el tamaño de los frutos restantes, así como su calidad.

Podemos realizar el aclareo sobre los racimos, dejando un número de frutos determinado y eliminando los frutos inmaduros, dañados, de calibre no deseado y mal posicionados.

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