El Cultivo de la patata II

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planta patata

Durante el cultivo de la patata, a los pocos días de la plantación podemos ver como empiezan a salir unos pequeños brotes por la parte superior del surco. A partir de aquí, es conveniente dar riegos periódicos con el fin de que no le falte humedad durante todo el cultivo.

A medida que va creciendo la planta, se debe ir acollando tierra para favorecer su desarrollo radicular, además de ir eliminando el nacimiento de pequeñas hierbas que compitan con el cultivo.

También, a lo largo del cultivo de la patata podemos seguir actuando en el abonado. En el caso del nitrógeno ya hemos hablado y se realizará de una sola vez en la preparación del terreno o sobre el caballón al principio del cultivo. Otros dos elementos a tener muy en cuenta son el fósforo y la potasa. El primero actúa a favor del desarrollo de la raíz con la mejora que ello supone en la precocidad y formación de tubérculos, además de evitar el ennegrecimiento interno de la propia patata. El segundo ayuda de forma decisiva en la formación de fécula además de proporcionar a la planta una mayor resistencia a heladas, sequía, enfermedades y al final favorece la conservación del tubérculo.

Es más que aconsejable la aportación de estos dos elementos en varias veces repartidas a lo largo del cultivo.

A nivel de aficionado, las extensiones de cultivo suelen ser reducidas y por ello, el mantenimiento del terreno de malas hierbas es fácil y puede realizarse prácticamente de forma manual.

Sabemos que existe una fuerte competencia entre el cultivo de la patata y las malas hierbas, ya que condicionan el rendimiento y facilitan las labores de recolección. De ahí su eliminación.

En caso de recurrir a productos químicos como son los herbicidas, los recomendados actúan en la capa superficial del terreno donde son absorbidos por las raíces adventicias de las malas hierbas, sin afectar a la patata, puesto que al ser plantada más profunda su sistema radicular está exento de herbicida.

En cuanto a su aplicación puede realizarse de dos formas. Una es en forma de tratamiento de preemergencia (nada más terminar de plantar la patata y antes de que esta brote). Su aplicación es sobre el caballón, debiendo estar este ligeramente húmedo. Saber que se puede presentar una fitotoxicidad en dos casos particulares: si la aplicación es demasiado tardía o si se producen precipitaciones después del tratamiento.

Otra forma es durante la post-emergencia (cuando la planta ya ha brotado). En este caso se deberán aplicar herbicidas específicos totalmente selectivos del cultivo. En todos los casos, es conveniente asesorarse adecuadamente con el responsable del centro donde se venden estos productos. Y nunca superar las dosis recomendadas.

El cultivo de la patata finaliza con la recolección y esta es a finales de verano o ya en otoño, según la variedad, fecha de plantación y zona de cultivo. Cuando las plantas empiezan a toman un color amarillento y se vuelven quebradizas. Llega el momento de la recolección.

La recolección de la patata se realiza con ayuda de una azada, de forma cuidadosa para no dañar los tubérculos, desenterrarlos dejándolos un par de días o tres al aire libre para que se sequen… y una vez secos se almacenan bajo cubierto en un lugar fresco y seco.

En el mercado, las patatas se encuentran ya lavadas y limpias. Pero a nivel particular, es conveniente guardarlas tal y como se recogen del campo; con tierra pero seca. Si se lavan, además del trabajo que conlleva, existe la posibilidad de facilitar su pudrición, sobre todo si les hemos causado heridas involuntarias durante el desenterrado.

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