Los setos

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setos aranjuez

Los setos en el jardín están compuestos por plantas en alineación, que cultivadas adecuadamente, permiten cubrir multitud de objetivos además de los relacionados con sus propias cualidades ornamentales.

Los setos actúan como ‘muros’ demarcadores, fijan límites en los espacios, crean rincones o espacios íntimos, aíslan del viento y del ruido… incluso permiten crear zonas de ocio o fantasía en los que intervienen de forma activa… como es el caso de los ‘jardines laberintos‘.

Independientemente de su finalidad, en su formación mediante podas sucesivas o guiado de su masa foliar durante su crecimiento, los setos pueden ser informales y formales. En todos los casos, son a la vista más amigables que muchas de las otras opciones posibles como muros de hormigón, madera tratada, plástico o metal.

Dependiendo de las especies utilizadas en su formación y de la intensidad del recorte, los setos pueden convertirse en verdaderas obras de arte mediante la técnica topiaria.

Según la altura de los setos se pueden clasificar en altos cuando miden más de dos metros, medianos entre uno a dos metros, bajos entre medio a un metros y los ya llamados de bordura que no superan el medio metro. Y según su forma, pueden ser geométricos o informales, con multitud de formas en su volumen.

Por lo general, los setos se suelen crear con especies de hoja perenne y mantienen trabajos de mantenimiento basados en su formación. En ellos pueden intervenir plantas de diferentes tipos como por ejemplo las trepadoras mediante estructuras de soporte, plantas arbustivas de rápido crecimiento y por supuesto árboles con su forma natural o inducida mediante las podas antes mencionadas.

Para cada situación, el seto debe de estudiarse en todo su conjunto. Por ejemplo, mientras que los setos formales combinan mejor con superficies bien definidas, destacando notablemente junto a pavimentos, áridos, mulch o un césped bien recortado, los setos informales combinan mejor cerca de amplios jardines con hierbas y flores.

Pero los setos también están presentes más allá del jardín. En las carreteras de las ciudades ayudan a reducir la contaminación acústica. Y en las autovías y autopistas juegan un papel fundamental en la seguridad vial ya no sólo actuando como ‘quita miedos’, sino que evitando deslumbramientos innecesarios, además de hacer más agradable la conducción.

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