El farro es el cereal más antiguo del Mediterráneo

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Granos de Triticum spelta

En el extenso universo de las gramíneas, pocas plantas poseen una carga histórica y simbólica tan profunda como el farro. Mientras que el trigo moderno domina los paisajes agrícolas actuales, este «ancestro» botánico, el farro está viviendo una segunda juventud en nuestras mesas.

El farro no es una moda pasajera, sino de la recuperación de un cultivo rústico que define la esencia de la agricultura mediterránea y que hoy se posiciona como una joya nutricional para quienes buscan una alimentación más propia y natural.

¿Qué es exactamente el farro?

El término «farro» suele generar cierta confusión botánica, ya que no se refiere a una única especie, sino a un grupo de tres trigos antiguos que comparten una característica peculiar: son trigos vestidos.

A diferencia del trigo común, donde el grano se desprende fácilmente de su envoltura durante la trilla, en el farro la cáscara (gluma) permanece fuertemente adherida.

Esta «armadura» natural ha sido su mejor defensa durante milenios, protegiendo al grano de las inclemencias del tiempo y de los ataques de insectos sin necesidad de intervención química excesiva.

Una breve historia del farro.

La historia del farro es, en esencia, la historia de la civilización. Originario del Creciente Fértil hace más de 10.000 años, fue el sustento básico en el Antiguo Egipto y, más tarde, el pilar de la dieta en la Antigua Roma. Saber que el denominado Creciente Fértil (o Medialuna Fértil), es una región histórica con forma de arco en Oriente Próximo, que abarcaba desde Mesopotamia (actual Irak) hasta el Levante mediterráneo y Egipto. Esta es considerada la «cuna de la civilización» y fue el lugar donde se originó la agricultura y la revolución neolítica, permitiendo el sedentarismo humano.

El farro era tan fundamental que los soldados romanos recibían parte de su paga en este grano, y se utilizaba en las ceremonias matrimoniales más sagradas.

Con el paso de los siglos, su cultivo decayó en favor de variedades de trigo con mayor rendimiento y facilidad de procesado, quedando confinado a pequeñas regiones montañosas donde su resistencia era imbatible.

Características botánicas y tipos de farro.

Desde la perspectiva de la botánica, debemos distinguir tres tipos principales de farro que varían en tamaño y complejidad genética.

Por una parte, está el farro pequeño (Triticum monococcum). Es el más primitivo, también llamado einkorn. Posee una sola semilla por espiguilla y destaca por su altísima pureza.

Por otra, el farro mediano (Triticum dicoccum). Este es el más extendido y el que generalmente encontramos bajo el nombre comercial de «farro» o emmer. Es el equilibrio perfecto entre rusticidad y calidad culinaria.

Y el farro grande (Triticum spelta), conocido por todos como espelta. Es el más robusto y el que ha logrado una mayor penetración en el mercado actual debido a su versatilidad en la panificación.

El farro en la geografía española.

Aunque España es tierra de grandes extensiones de cereal, el farro ha encontrado su refugio en zonas muy específicas. Destaca la cornisa cantábrica, especialmente Asturias, donde la escanda (nombre local para estas variedades) forma parte del patrimonio cultural y gastronómico.

No obstante, gracias al auge de la agricultura ecológica y de proximidad, estamos viendo nuevas plantaciones en zonas de la meseta y el prepirineo, donde su capacidad para prosperar en suelos pobres lo convierte en una opción excelente para una agricultura sostenible de «kilómetro 0».

Curiosidades del farro frente al trigo común y la espelta.

Una de las preguntas más frecuentes es: ¿en qué se diferencia del trigo que comemos a diario? La respuesta está en su integridad genética.

El trigo moderno ha sido seleccionado y modificado para facilitar su recolección industrial y mejorar su fuerza panadera (gluten). El farro, en cambio, mantiene una estructura más sencilla y un gluten mucho más frágil, lo que suele traducirse en una mejor digestibilidad para muchas personas.

Además, su perfil nutricional es superior, con un mayor contenido en fibra, antioxidantes y minerales como el magnesio y el hierro.

Comercialización y preparación del grano de farro.

En el mercado, el farro suele presentarse en tres formas según el grado de pulido del grano.

Uno es el integral, que conserva todo el salvado y requiere un remojo previo largo, pero ofrece el máximo de nutrientes.

Otro el semiperlado, en el que se le elimina parte de la fibra exterior para acelerar la cocción manteniendo gran parte de sus bondades.

Y el perlado, que es el más común en las tiendas, de cocción rápida (unos 20 minutos) y textura suave.

También es frecuente encontrarlo transformado en harinas de color crema y sabor ligeramente tostado, ideales para pastas frescas o repostería artesanal.

El farro en la gastronomía.

A diferencia del arroz, que puede quedar pastoso, el farro cocinado mantiene una textura firme y elástica, con un delicioso sabor que recuerda a la nuez o la avellana.

Es extremadamente versátil. En Italia es la estrella del farrotto (una variante del risotto), pero también brilla en ensaladas frías de verano, sopas reconfortantes de invierno o incluso como guarnición para platos de caza.

Al ser un producto de estación y proximidad, marida a la perfección con legumbres y hortalizas de la huerta, cerrando ese círculo de sostenibilidad que buscamos hoy en nuestra mesa.

Recuperar el farro en nuestra despensa no es solo un placer para el paladar; es una forma de apoyar la biodiversidad agrícola y honrar una herencia botánica que ha sobrevivido al paso de los milenios para ofrecernos, hoy más que nunca, un alimento honesto y saludable.

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