Cómo recuperar mi poinsettia después de la Navidad

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Cómo recuperar mi poinsettia después de la Navidad

Cómo recuperar mi poinsettia después de la Navidad es una de las inquietudes que se plantean pasadas las celebraciones navideñas para seguir conservando esta preciosa planta.

Cuando las luces se apagan y los adornos vuelven a las cajas, nos encontramos a menudo ante una encrucijada silenciosa en el rincón del salón: la Euphorbia pulcherrima, conocida popularmente como Poinsettia o Flor de Pascua. Para muchos, este es el momento en que la planta, tras cumplir su función ornamental efímera, comienza un declive que suele acabar en el contenedor de residuos orgánicos.

Poinsettia: cuidados esenciales tras la Navidad.

Sin embargo, como profesionales del sector y amantes de la botánica, debemos cambiar esa perspectiva de «objeto de usar y tirar» y empezar a tratarla como lo que realmente es: un arbusto vivo, vigoroso y capaz de acompañarnos durante años si comprendemos sus ciclos biológicos.

Es fundamental situarnos en el contexto temporal y geográfico desde el que abordamos estos cuidados. Dado que nos encontramos en España, en pleno hemisferio norte, afrontamos el mes de enero bajo los rigores del invierno.

Esto implica que la planta viene de un periodo de estrés considerable, habiendo permanecido en interiores con calefacción, baja humedad relativa y, a menudo, condiciones de luz insuficientes, forzada a mantener sus brácteas coloreadas como un elemento decorativo más.

Cómo conservar la Flor de Pascua todo el año.

El primer paso para garantizar la supervivencia de nuestra poinsettia es liberarla de su vestimenta festiva. Es vital el retirar cualquier envoltorio de papel metalizado, plásticos o fundas decorativas que cubran la maceta original. Estos elementos, aunque estéticos para el regalo, suelen bloquear el drenaje y provocan un efecto de asfixia radicular y acumulación de sales que resulta negativo a corto plazo.

Una vez liberada, debemos ubicarla en el lugar más iluminado de la casa, lejos de las fuentes de calor directo como radiadores o chimeneas. Durante estas semanas posteriores a las fiestas, es muy probable que observemos una caída de hojas, especialmente las inferiores, que pueden tornarse amarillas antes de desprenderse.

No debemos alarmarnos en exceso, pues se trata de una respuesta fisiológica natural de la planta para gestionar sus reservas de energía ante el cambio de ambiente y el estrés sufrido fuera de las condiciones ideales del vivero de producción.

Nuestra misión ahora es estabilizarla, manteniendo el sustrato ligeramente húmedo, pero nunca encharcado, y evitando cualquier aporte de fertilizante. La planta está en una fase de reposo y adaptación, y un abonado ahora solo conseguiría complicar el buen desarrollo, aunque lento, de las raíces.

La poinsettia, de planta navideña a arbusto de exterior.

Conforme los días empiezan a alargar y las temperaturas se suavizan, anunciando el fin de los fríos invernales, la poinsettia nos pedirá un cambio de estrategia.

Debemos recordar que, en su hábitat natural, esta especie es un arbusto de exterior. Por tanto, nuestro objetivo será sacarla al aire libre, ya sea a un balcón, terraza o jardín, siempre que el riesgo de heladas haya desaparecido por completo.

Este momento coincide con el despertar vegetativo de la planta, donde su prioridad cambia de la floración a la producción de follaje verde.

Es el instante preciso para realizar una poda severa, eliminando las viejas brácteas de color que aún persistan, dejando los tallos con una altura de unos diez o quince centímetros. Esta práctica, que puede parecer drástica, es necesaria para estimular la brotación de nuevas ramas vigorosas y evitar que la planta se vuelva larguirucha y débil.

A partir de este momento, retomaremos la fertilización. Ahora sí, la planta necesita nutrientes para generar masa vegetal. Utilizaremos abonos equilibrados, preferiblemente con un contenido ligeramente superior en nitrógeno y ricos en microelementos, que favorecerán el verde intenso de las nuevas hojas y fortalecerán la estructura de la planta.

El trasplante y la importancia de la oscuridad radicular en la poinsettia.

Si observamos que la planta ha ocupado todo el volumen de la maceta actual, la primavera es también la época idónea para el trasplante. Aquí entra en juego un conocimiento técnico que a veces pasa desapercibido en el ámbito del hobby: la fotosensibilidad de las raíces.

El sistema radicular de la poinsettia es especialmente sensible a la luz, la cual puede inhibir su desarrollo y afectar a la salud general de la planta. Por ello, si optamos por mantenerla en contenedor, debemos asegurarnos de que las paredes de la nueva maceta sean lo suficientemente opacas y gruesas para garantizar una oscuridad total en el cepellón.

Respecto al sustrato, abandonaremos las mezclas ligeras de interior para optar por un sustrato de calidad profesional para plantas de exterior. Buscamos una mezcla que retenga la humedad pero que ofrezca una excelente aireación y estructura, permitiendo que las raíces respiren y se expandan.

Si disponemos de un jardín en una zona de clima suave, como el litoral mediterráneo o las Islas Canarias, podemos plantarla directamente en el suelo, donde alcanzará dimensiones arbustivas espectaculares.

El mantenimiento estival de la poinsettia y la preparación para el nuevo ciclo.

Durante los meses de verano, trataremos a nuestra poinsettia como una planta de exterior más, cuidando el riego ante las altas temperaturas y manteniendo el abonado regular. Sin embargo, hay un momento crucial en el calendario del jardinero experto: la poda de formación de agosto.

Hacia finales de este mes, conviene realizar un pinzado o recorte de los tallos. El objetivo de esta intervención es doble; por un lado, controlar la altura para que no llegue a la siguiente temporada con un porte desgarbado y, por otro, fomentar una mayor ramificación, lo que se traducirá en más puntas y, consecuentemente, más «flores» (brácteas) en el futuro.

Finalmente, para volver a disfrutar de su coloración característica la próxima Navidad, debemos respetar seriamente su fotoperiodo natural. La poinsettia es una planta de días cortos; necesita noches largas y oscuridad absoluta para inducir su floración y el cambio de color de las brácteas.

A partir de octubre, debemos evitar cualquier contaminación lumínica artificial, como farolas de la calle o luces domésticas durante la noche. Si respetamos este ciclo natural de luz y oscuridad, sin forzarla con iluminación extra, la planta nos recompensará transformándose de nuevo, cerrando un ciclo biológico fascinante que va mucho más allá de la simple decoración navideña.

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