Dryopteris erythrosora el Helecho de otoño de color cobrizo

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Helecho Dryopteris erythrosora cultivado en maceta

La Dryopteris erythrosora es conocida popularmente como el Helecho de otoño de color cobrizo. También tiene otro nombre popular, como es Escudo de cobre, pero este es realmente una traducción literal del inglés Copper Shield Fern.

La Dryopteris erythrosora es una joya cromática en el diseño de zonas umbrías.

Cuando planteamos el diseño de un jardín en zonas de sombra o semisombra, tendemos a visualizar una paleta monocromática dominada por los verdes profundos. Sin embargo, la naturaleza nos ofrece excepciones capaces de romper esa uniformidad sin perder la elegancia.

En este contexto, el helecho Dryopteris erythrosora, es una de esas especies que permite al paisajista y al jardinero aficionado introducir matices de color cálido en estratos donde habitualmente reina la oscuridad.

Este Helecho de otoño se distingue no solo por su arquitectura, típica de las pteridofitas, sino por una cualidad fenológica muy apreciada en jardinería ornamental: el cambio de coloración de sus frondes a medida que maduran.

Por otra parte, lejos de ser un helecho delicado, estamos ante una planta de gran rusticidad, capaz de aportar textura y contraste tanto en jardines atlánticos del norte de España como en patios urbanos o terrazas que buscan un toque de distinción botánica.

Variedades y cultivares destacados de la Dryopteris erythrosora.

Si bien la especie tipo Dryopteris erythrosora es la más comercializada y utilizada en proyectos de restauración paisajística, el trabajo de selección varietal ha dado lugar a cultivares que potencian sus características estéticas.

Dryopteris erythrosora ‘Brilliance’.

Destaca principalmente el cultivar ‘Brilliance’. Como su nombre sugiere, esta selección ofrece una coloración otoñal mucho más intensa y luminosa en sus brotes nuevos.

Mientras que la especie tipo presenta tonos cobrizos suaves, la variedad ‘Brilliance’ despliega rojos anaranjados vibrantes que perduran más tiempo antes de virar al verde. Es la opción predilecta cuando el objetivo del diseño es crear puntos focales de color en el sotobosque.

Descripción botánica y morfología del helecho Dryopteris erythrosora.

Perteneciente a la familia Dryopteridaceae, este helecho es originario de las zonas boscosas de China y Japón.

Se trata de una planta rizomatosa de hábito cespitoso, que no suele superar los 60 o 70 centímetros de altura, lo que la convierte en una candidata ideal para la cobertura de suelos sin llegar a ser invasiva.

Sus frondes son bipinnadas, de forma triangular a lanceolada. Al tacto, se percibe una textura ligeramente coriácea, más dura que la de otros tipos de helechos comunes como el Adiantum (Culantrillo), lo que ya nos da pistas sobre su mayor resistencia a la deshidratación ambiental.

En el envés de las hojas maduras encontramos los soros (agrupaciones de esporangios), protegidos por un indusio reniforme (con forma de riñón). Curiosamente, estos indusios también adquieren tonalidades rojizas, un detalle microscópico que aporta coherencia cromática a toda la planta.

Cualidades y potencial ornamental del Helecho de otoño.

El valor diferencial del Dryopteris erythrosora reside en su ciclo cromático. A diferencia de la mayoría de plantas perennes que mantienen un color estático, este helecho es un organismo dinámico.

En primavera, en le hemisferio norte y de forma intermitente durante la temporada de crecimiento, las nuevas frondes emergen con un espectacular color cobrizo, bronce o incluso rosado anaranjado.

A medida que la hoja realiza la fotosíntesis y madura, vira hacia un verde oscuro brillante y lustroso. Dado que la planta emite nuevas hojas continuamente si las condiciones son óptimas, es habitual encontrar en una misma mata un degradado de colores que va desde el óxido hasta el verde esmeralda.

Esta característica permite que el jardín cambie de aspecto no solo con las estaciones, sino con el propio ritmo vegetativo de la planta. Además, es una especie semi-perenne; en climas templados mantiene su follaje durante todo el año, funcionando como estructura fija en el diseño del jardín de invierno.

Usos en paisajismo y jardinería del Helecho de otoño.

Desde una perspectiva técnica, el Helecho de otoño es un «todoterreno» para exposiciones complejas. Su uso principal es como planta de cobertura o cubresuelos en zonas de sombra o semisombra.

El Dryopteris erythrosora en jardinería puede ser plantado en masa, bajo la copa de árboles caducifolios o arbustos de gran porte como camelias o rododendros, genera una alfombra densa que protege el suelo y suprime el crecimiento de adventicias (malas hierbas).

Su tolerancia es notablemente superior a la de otros helechos. Soporta algo más de sol directo (siempre que sea el de primera hora de la mañana o última de la tarde) y resiste mejor la sequedad ambiental, aunque no debemos descuidar el riego.

En el ámbito del diseño de terrazas y balcones, funciona magníficamente en macetas y jardineras. Su porte erguido y arqueado aporta volumen, y combina a la perfección con plantas de flor blanca o azul, como las Hosta o las Heucheras, creando contrastes de follaje muy sofisticados sin necesidad de flores.

Infografía sobre el helecho dryopteris erythrosora en maceta

Cuidados y mantenimiento de la Dryopteris erythrosora.

Para garantizar que el Helecho de otoño exprese todo su potencial ornamental, debemos replicar, en la medida de lo posible, las condiciones de un suelo forestal.

Sustrato y plantación del Helecho de otoño.

En cuanto al sustrato y plantación, requiere suelos ricos en materia orgánica, frescos y con un drenaje eficiente. El pH ideal oscila entre ácido y neutro. Si trabajamos en suelos muy arcillosos o alcalinos, es fundamental aportar una enmienda orgánica (turba rubia, compost o mantillo) para mejorar la estructura y acidificar ligeramente el medio.

Para nuestros lectores del hemisferio norte, y concretamente en España, las épocas ideales de plantación son la primavera (de marzo a mayo) y el otoño (septiembre a octubre). En estas fechas evitamos el estrés térmico del verano y las heladas invernales, permitiendo que el sistema radicular se establezca correctamente.

Al plantarlos, es recomendable mantener una distancia de unos 40 o 50 centímetros entre ejemplares para permitir su desarrollo futuro y facilitar la circulación de aire, evitando así problemas fúngicos.

Riego y abonado del Helecho de otoño.

Sobre el riego y abonado del helecho Dryopteris erythrosora, aunque tolera periodos cortos de sequía una vez establecido, el riego debe ser regular para mantener el sustrato húmedo, pero nunca encharcado.

En verano, aumentaremos la frecuencia. Un abonado orgánico de liberación lenta aplicado a finales de invierno potenciará la brotación primaveral y la intensidad de los colores cobrizos.

Naturalización y poda del Helecho de otoño.

Una de las grandes ventajas de esta especie es su capacidad de naturalización. Se expande lentamente mediante rizomas cortos, formando colonias que se integran en el paisaje de forma orgánica.

Respecto a la poda, no es necesaria una poda de formación. Simplemente, realizaremos una poda de limpieza a finales del invierno, eliminando las frondes viejas, secas o dañadas por el frío. Esta operación no solo mejora la estética, sino que despeja el camino para que los nuevos brotes cobrizos reciban luz y aire.

Curiosidades del Helecho de otoño.

La etimología botánica a menudo nos revela las características ocultas de las plantas. En este caso, el epíteto específico erythrosora proviene del griego erythros (rojo) y sora (referente a los soros, los cúmulos de esporas). Es decir, su nombre científico no hace referencia al color de sus hojas, sino al llamativo color rojo de los indusios que protegen sus esporas en el envés de la hoja joven. Un detalle que suele pasar desapercibido, pero que confirma la coherencia estética de esta planta en cada uno de sus órganos.

El Dryopteris erythrosora nos enseña que el jardín de sombra no tiene por qué ser un espacio estático o sombrío. Su inclusión en un proyecto de jardinería aporta una narrativa visual que evoluciona con el tiempo, recordándonos que, en la naturaleza, incluso en los rincones con menos luz, la vida siempre busca la forma de brillar con luz propia.

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