El césped como un espacio donde se vive

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Jardín con césped en una casa residencial

El césped es, posiblemente, uno de los elementos más reconocibles y, a la vez, más debatidos en el diseño de jardines que, para muchos, además les evoca recuerdos de infancia, siestas de verano y juegos al aire libre… en definitiva, el césped como un espacio donde se vive.

Es un lienzo verde que aporta calma, orden y una sensación de naturaleza domesticada. Sin embargo, trasciende de ser una simple alfombra vegetal. Un césped bien concebido se convierte en el eje vertebrador del paisaje, un regulador ambiental y una fuente directa de bienestar. Pero para ello, su correcta implantación y manejo son clave para aunar estética, funcionalidad y respeto por el entorno.

Para profundizar en esta materia, el equipo de redacción de Floresyplantas.net ha entrevistado a Víctor Manuel Gil Puerta, Ingeniero Técnico Agrícola, Máster en Jardinería y Paisajismo y gerente de V2 Paisajismo y Jardinería, empresa especializada en proyectos de paisajismo en Madrid (España). Con él conversamos sobre la dimensión real del césped en el paisajismo contemporáneo.

Víctor Manuel Gil: Un césped no es solo algo que se planta; es un espacio que se vive.

Floresyplantas.net: Víctor, a menudo se percibe el césped como un simple elemento estético. Desde tu perspectiva como arquitecto del paisaje, ¿cuál es su verdadera función en el diseño de un jardín?

Víctor Manuel Gil: Esa es una visión muy limitada. Antes que una planta, para nosotros el césped es un concepto espacial. Cuando abordamos un proyecto, trabajamos con volúmenes, texturas y planos, y el césped es el plano base por excelencia.

Es el elemento que unifica todo el conjunto, proporcionando una continuidad visual que de otro modo sería imposible. Imagina un jardín sin él; correríamos el riesgo de tener una simple colección de plantas y objetos inconexos.

Su función como plano horizontal tiene un efecto directo en nuestra percepción. Una pradera bien definida genera una inmediata sensación de amplitud. Actúa como un «vacío» estratégico que, por contraste, realza la presencia de los elementos que la rodean: la silueta de un árbol, la textura de un macizo floral o la solidez de una escultura. Sin ese vacío, la mirada se satura y el jardín pierde su orden y jerarquía.

Además, de forma sutil, sus límites guían nuestros pasos y nuestra mirada, dirigiendo la perspectiva e invitándonos a movernos por el espacio de una manera fluida y orgánica.

Jardín con césped

Hablas de la percepción del espacio, pero un jardín también se vive a través de los sentidos. ¿Qué aporta el césped a nuestro bienestar personal?

Aporta muchísimo, y es algo que a veces subestimamos. Un jardín no solo se ve, se siente. El color verde tiene un efecto psicológico sedante demostrado; nuestro cerebro lo asocia con vida y seguridad, lo que reduce el estrés.

Pero la experiencia va más allá. Caminar descalzo sobre una pradera fresca es una conexión directa con la tierra, lo que hoy se conoce como grounding. Esa textura, la humedad y la temperatura estimulan terminaciones nerviosas y generan una sensación de bienestar casi inmediata.

Y qué decir del aroma a césped recién cortado. Pocos olores tienen una carga emocional tan potente; nos evoca frescura, renovación, naturaleza. Es un potente activador de la memoria afectiva.

Incluso a nivel acústico, cumple una función: una superficie cespitosa absorbe el sonido mucho mejor que el pavimento, contribuyendo a crear una atmósfera de tranquilidad y a reducir el ruido ambiental. Todo ello convierte el jardín en un verdadero refugio.

Más allá de lo sensorial, ¿qué papel juega el césped como ecosistema, especialmente en entornos urbanos donde cada metro cuadrado de vegetación cuenta?

Su papel es fundamental. Una zona de césped bien gestionada es un ecosistema vivo que presta servicios medioambientales muy valiosos. Por poner un ejemplo tangible, una superficie de unos 150 metros cuadrados puede producir el oxígeno suficiente para una familia de cuatro personas. Por otra parte, su trama de hojas actúa como un filtro natural, capturando partículas de polvo y otros contaminantes del aire.

Además, es un excelente regulador de la temperatura. En un día de verano, una superficie de césped puede estar hasta 20 °C más fría que el asfalto, por lo que participa creando un efecto de «isla de frescor» que suaviza el microclima del jardín y su entorno.

Y no podemos olvidar su rol en el ciclo del agua. Un césped sano, con un buen sistema radicular, actúa como una esponja, aumentando la capacidad de infiltración de agua en el terreno y ayudando a recargar los acuíferos de forma natural.

Jardín con césped en una casa residencial

Has mencionado el agua, y ese es un punto crítico, sobre todo en climas con escasez de lluvias, como gran parte de España y zonas de países de Hispanoamérica. ¿Es compatible tener un césped con una gestión sostenible del agua?

Rotundamente sí. La demonización del césped por su consumo hídrico parte, a menudo, de un enfoque obsoleto. El paisajismo contemporáneo no plantea una elección entre tener césped y ser sostenible; el reto es diseñar y mantener praderas de bajo consumo hídrico. Esto lo logramos con una estrategia integral en las que, además, convive con áreas de xerojardín.

La clave empieza en la selección de especies. Utilizamos mezclas adaptadas a nuestro clima, como la Festuca arundinacea, que tiene un sistema radicular muy profundo y es capaz de buscar la humedad en capas más bajas del suelo, mostrando una gran resistencia a la sequía. La combinamos con otras como el Lolium perenne para una implantación rápida o la Poa pratensis por su capacidad de autoregenerarse. En proyectos concretos, también valoramos especies de clima cálido como el Cynodon dactylon o la Zoysia japonica, que tienen una tolerancia excepcional al calor, aunque entren en latencia en invierno.

A esto se suma un manejo adecuado: siegas a la altura correcta para fomentar raíces fuertes, un abonado equilibrado y prácticas como el escarificado para mejorar la aireación. Y por supuesto, la tecnología es nuestra gran aliada. Instalamos sistemas de riego por aspersión de alta eficiencia y programadores inteligentes que se ajustan en tiempo real a las condiciones meteorológicas, aportando la cantidad justa de agua, en el momento preciso y minimizando cualquier pérdida.

Para terminar, Víctor, ¿qué mensaje final te gustaría transmitir a nuestros lectores, ya sean profesionales del sector o aficionados que sueñan con su propio jardín?

Me gustaría que comprendieran que el césped no es un mero manto verde, sino un elemento de diseño complejo, un ecosistema vivo y un componente fundamental para crear jardines saludables, funcionales y bellos.

Ya sea en un jardín privado, que es el refugio de una familia, o en un parque público, que funciona como pulmón verde y espacio de cohesión social, una pradera bien proyectada es una declaración de intenciones. La clave está en abordar cada proyecto con una visión integral, aplicando el conocimiento técnico para maximizar todos sus beneficios. Porque un césped no es solo algo que se planta; es un espacio que se crea, se vive y se disfruta, mejorando, en última instancia, nuestra calidad de vida.

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