El crisantemo multiflora, desde un punto de vista ornamental y paisajístico, desvinculando ligeramente a la planta de su etiqueta exclusiva de «planta de cementerio» es la protagonista indiscutible del otoño en jardines y terrazas.
Cuando el calendario avanza hacia octubre y la mayoría de las especies estivales comienzan a declinar, el jardín se enfrenta a un momento delicado que a menudo deriva en una falta de color y estructura. Es en este preciso instante cuando el crisantemo multiflora (Chrysanthemum × morifolium) se presenta como una solución botánica de primer orden.
Lejos de los prejuicios que durante décadas han encasillado a esta especie exclusivamente en el ámbito funerario, el paisajismo moderno y la jardinería urbana han sabido rescatar su inmenso valor ornamental, porque su capacidad para crear masas de color compactas y definidas, lo convierte en el recurso valioso para prolongar la vida del jardín hasta bien entrada la estación fría.
El Chrysanthemum × morifolium o crisantemo morifolium.
Su nombre científico es Chrysanthemum × morifolium, siendo más conocido como crisantemo multiflora o crisantemo morifolium. Se trata de una especie híbrida compleja, resultado de siglos de mejora genética que comenzó en Asia y se perfeccionó en Europa. Actualmente hay empresas especializadas en la venta de esquejes de Chrysanthemum morifolium para su cultivo profesional, como la firma española Vivergal.
Dentro de este extenso grupo de crisantemos, la tipología multiflora se distingue por una arquitectura vegetal singular. A diferencia de sus parientes destinados a la flor cortada, que priorizan la longitud del tallo, el crisantemo multiflora posee una genética seleccionada para desarrollar una ramificación basal densa y una distancia entre nudos extremadamente corta.
Esta morfología da lugar a plantas de hábito esférico natural, verdaderas cúpulas vegetales que, durante la floración, llegan a ocultar casi por completo el follaje bajo un manto de capítulos florales, llamadas inflorescencias.
Es importante comprender las diferencias botánicas y de manejo que separan a este crisantemo multiflora de otras variantes comerciales. Mientras que el crisantemo de flor cortada se poda y entutora para conseguir una única flor gigante o un ramillete terminal, y las margaritas tradicionales (Argyranthemum frutescens) suelen presentar un porte más abierto y silvestre, el crisantemo multiflora es una obra de ingeniería vegetal orientada a la compacidad.
Sus hojas son más pequeñas, lobuladas y de una textura más gruesa, diseñadas para soportar mejor la intemperie. Esta densidad no es solo estética; actúa como una defensa natural contra el viento y ayuda a mantener un microclima de humedad en el interior de la planta, lo que le confiere una rusticidad superior en exteriores.

El crisantemo multiflora en la jardinería.
Desde la perspectiva del diseño de espacios verdes, ya sean públicos o privados, el crisantemo multiflora ofrece una versatilidad difícil de igualar en su estación.
Para el paisajista, el crisantemo multiflora funciona como un elemento estructural temporal de alto impacto. Se utiliza para crear borduras geométricas, parterres de color sólido o composiciones rítmicas en combinación con gramíneas ornamentales y plantas de follaje gris, como las cinerarias.
Su forma de bola perfecta permite jugar con los volúmenes, aportando un orden visual que contrasta muy bien con el aspecto más anárquico y naturalista de las plantas caducas o de temporada en otoño.
En el ámbito del disfrute personal, en terrazas y balcones, una sola maceta de gran formato basta para vestir un rincón, ofreciendo una «jardinería instantánea» que no requiere esperar meses para ver el resultado.
El crisantemo multiflora en los cementerios.
Por supuesto, el uso de crisantemos multifloras en cementerios en España no es casual ni debe ser denostado; responde a la extraordinaria durabilidad de la planta.
Su resistencia a las bajas temperaturas y su floración prolongada simbolizan la persistencia, cualidades que técnicamente trasladamos al jardín.
Un crisantemo multiflora bien ubicado puede soportar las primeras heladas suaves sin que sus flores se estropeen, algo que muy pocas plantas de flor pueden prometer en noviembre.

Los cuidados y cultivo del crisantemo multiflora.
Para garantizar este espectáculo visual, el cuidado del Chrysanthemum × morifolium en el jardín o en maceta requiere atender a sus necesidades fisiológicas básicas.
Para su cultivo, la ubicación es innegociable: necesita pleno sol. La intensidad lumínica es el motor que mantiene vivos los colores de sus flores; en sombra, la planta tiende a abrirse, perder su forma compacta y la floración palidece prematuramente.
En cuanto al riego, la densidad de su follaje actúa como un paraguas, impidiendo a veces que el agua de lluvia llegue al sustrato. Por ello, es importante comprobar la humedad de la tierra y regar directamente sobre el sustrato, evitando mojar las flores y hojas para prevenir la aparición de enfermedades fúngicas como la Botrytis o la roya, que son sus principales enemigos en climas húmedos.
El sustrato debe ser fértil y, sobre todo, con buen drenaje. Si se planta en suelo directo, es recomendable mejorar la tierra con materia orgánica o arena si esta es muy arcillosa, evitando los encharcamientos que asfixian sus raíces.
Aunque a menudo se tratan como plantas de temporada que se desechan tras la floración, el crisantemo multiflora es una planta vivaz. Si el jardinero tiene paciencia, tras el marchitamiento de las flores puede podar la planta baja, dejarla reposar durante el invierno y esperar el rebrote primaveral, que ofrecerá una planta verde y aromática hasta el siguiente otoño.
Destacar que es una planta que florece vinculada al fotoperiodo, en este caso, floreciendo cuando las noches alargan su duración con respecto al día, por eso florecen con la entrada en otoño en el hemisferio norte.
La plantación del crisantemo multiflora en nuestros espacios no es solo una cuestión estética, sino una celebración de los ciclos naturales. Su floración nos recuerda que el final del verano no es el final de la vida en el jardín, sino la entrada a una etapa de madurez, de colores ocres, púrpuras y dorados, donde la naturaleza nos regala su último gran espectáculo antes del descanso invernal.

