Qué es el niwaki japonés

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Árboles con técnica niwaki japonés

El niwaki japonés es un arte de la poda japonesa en el jardín mediante técnicas de modelado para árboles de jardín.

El término niwaki se traduce de forma literal como «árbol de jardín». Sin embargo, tras esta sencilla definición se esconde una de las disciplinas más sofisticadas del paisajismo nipón.

A diferencia de los bonsáis, que busca recrear la esencia de un árbol centenario en la escala confinada de una bandeja, el niwaki trabaja directamente sobre el terreno o en grandes ejemplares en contenedor, buscando una armonía visual que dialogue con la arquitectura y el entorno circundante.

Historia del niwaki y simbología de un legado vivo.

El origen del niwaki está estrechamente vinculado a la espiritualidad sintoísta y budista de Japón.

Históricamente, se creía que los espíritus de la naturaleza residían en los árboles más antiguos y singulares. Por ello, los maestros jardineros comenzaron a modelar la vegetación no solo por estética, sino para enfatizar la conexión entre el cielo y la tierra.

Durante siglos, estas técnicas se han transmitido de generación en generación, evolucionando desde los jardines de los templos de Kioto hasta convertirse en un estándar del diseño de exteriores contemporáneo que busca la permanencia y el equilibrio.

Árboles podados con técnica niwaki japonés

El niwaki como aporte emocional y estructural al espacio.

Para las personas, la presencia de un ejemplar trabajado bajo estos preceptos ofrece una invitación inmediata a la contemplación y la serenidad. En este sentido y en el ámbito del diseño, el niwaki aporta una estructura arquitectónica inigualable.

Actúa como un punto focal que organiza el espacio, permitiendo que el ojo descanse en formas equilibradas que transmiten madurez al jardín desde el primer día. No se trata de una decoración efímera, sino de un elemento estructural que define el carácter de un proyecto paisajístico.

El arte frente a técnica como dualidad necesaria.

A menudo surge el debate sobre si el niwaki es una expresión artística o una mera metodología de poda. La realidad es que se trata de una simbiosis.

Es una técnica aplicada basada en conocimientos fisiológicos vegetales profundos como el manejo de la dominancia apical, cicatrización y dirección de yemas, pero ejecutada con una sensibilidad artística que busca capturar la esencia del árbol.

Mientras la técnica asegura la salud del ejemplar, el arte dicta la intención estética de sus ramas.

Aplicación del niwaki en suelo y recipientes de gran formato.

Aunque su hábitat natural es el suelo del jardín, el niwaki se adapta perfectamente al cultivo en macetas o tarrinas de gran volumen.

Esta versatilidad es especialmente valorada por interioristas y decoradores que buscan integrar vegetación escultural en terrazas urbanas o patios interiores.

Un ejemplar en contenedor requiere, lógicamente, un control más estricto del abonado y el riego, pero mantiene intacta su capacidad de transformar un espacio anodino en un rincón con identidad propia.

La integración del niwaki en el paisajismo y la jardinería en España.

En el contexto español, la adopción del niwaki ha experimentado un crecimiento notable, especialmente en proyectos que buscan diferenciarse del jardín mediterráneo convencional.

Su integración no implica necesariamente replicar un jardín japonés tradicional. Por el contrario, los paisajistas locales están utilizando estas técnicas de modelado para crear contrastes en jardines de corte contemporáneo y minimalista.

Es un recurso excelente para dar una segunda vida a ejemplares que han perdido su forma original o para destacar especies autóctonas bajo una nueva luz.

Especies predilectas para el modelado bajo la técnica niwaki.

Si bien en Japón el Pinus pentaphylla o el Pinus thunbergii son los protagonistas, en nuestra geografía el abanico se amplía.

El Taxus baccata es uno de los mejores candidatos debido a su capacidad de rebrotar de madera vieja y su crecimiento pausado. También se obtienen resultados excelentes con el Ilex crenata, el Carpinus betulus y, por supuesto, con especies más cercanas a nuestra cultura como el Olea europaea: el olivo.

El olivo, trabajado con criterios de niwaki, adquiere una dimensión escultórica que encaja perfectamente tanto en el hemisferio norte como en las regiones templadas del sur.

Olivos podados con técnica niwaki japonés

La ejecución técnica del niwaki y el proceso de formación.

La creación de un niwaki no es un evento puntual, sino un proceso continuo de años. La técnica se basa en la «poda de transparencia» y el aclarado de ramas para permitir que la luz y el aire penetren en la estructura interna. Se busca crear nubes de follaje o «tamabuki» situadas estratégicamente en la zona exterior de las ramas principales.

El proceso comienza con la selección de la estructura ósea del árbol. Se eliminan las ramas cruzadas, las que crecen hacia el tronco o aquellas que rompen la jerarquía visual.

Posteriormente, se utilizan tensores, bambúes o pesos para dirigir el crecimiento de las ramas de forma horizontal o descendente, emulando el efecto del peso de la nieve o del paso del tiempo.

Para los profesionales del sector, desde empresas de mantenimiento hasta ingenieros de cultivo, es importante comprender que cada corte debe estar justificado por la búsqueda de una triangulación visual, un concepto clave en la estética oriental.

Para quienes se inician desde la bricojardinería, el consejo fundamental es la paciencia. El niwaki requiere una observación constante de la respuesta de la planta tras cada intervención.

Es una labor que demanda herramientas de alta calidad y cortes limpios para evitar la entrada de patógenos, un aspecto donde la profesionalización del mantenimiento se vuelve indispensable para garantizar la inversión que supone un ejemplar de estas características.

En definitiva, trabajar un árbol bajo la filosofía niwaki es aceptar un compromiso con el tiempo y la naturaleza. Es una disciplina que nos obliga a ralentizar nuestro ritmo, a entender los ciclos del crecimiento vegetal y a participar activamente en la creación de un paisaje que, con los cuidados adecuados, ganará valor y belleza con el paso de las décadas.

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