Tomillos ornamentales y culinarios

0
9
Planta de tomillo común en maceta

Los tomillos ornamentales y culinarios agrupan un amplio catálogo de especies imprescindibles para su cultivo en el jardín mediterráneo e incluso en la cocina.

En este contexto, en el diseño de jardines contemporáneo, donde la sostenibilidad y el bajo mantenimiento se han convertido en premisas ineludibles, el género Thymus reclama un protagonismo absoluto.

El tomillo en el jardín mediterráneo y la cocina.

Lejos de ser únicamente un recurso culinario, el tomillo ofrece al paisajista y al aficionado a la jardinería un abanico de texturas, floraciones y aromas que pocas plantas pueden igualar. Además, su capacidad para prosperar en exposiciones soleadas y suelos pobres lo convierte en un candidato ideal para la xerojardinería, las rocallas y, por supuesto, para la creación de huertos urbanos en terrazas y balcones.

Esta planta vivaz y leñosa, emblema de la flora mediterránea, trasciende la funcionalidad para aportar estructura y carácter al espacio verde. Conocer la diversidad de especies disponibles en los centros de jardinería es fundamental para elegir el ejemplar adecuado, ya sea para tapizar un talud, perfumar una zona de paso o aderezar nuestros platos con el matiz exacto.

Valor ornamental y perfil botánico del tomillo en jardinería.

Botánicamente, los tomillos son matas o subarbustos de la familia de las lamiáceas que destacan por su rusticidad. Para el jardinero, su mayor atractivo reside en su follaje persistente y su espectacular floración primaveral, que atrae a una gran cantidad de insectos polinizadores, fomentando la biodiversidad del jardín.

La morfología del tomillo varía notablemente según la especie. Podemos encontrar desde portes erectos y globosos, ideales para formar borduras bajas o cultivar en macetas individuales, hasta hábitos rastreros que funcionan como excelentes cubresuelos, capaces de sustituir al césped en zonas de bajo tránsito y escaso riego.

Sus hojas, generalmente diminutas, están evolucionadas para resistir la insolación, variando en colores que van desde el verde oscuro hasta el gris plateado o el amarillo variegado, ofreciendo contrastes cromáticos muy interesantes incluso cuando la planta no está en flor.

Especies de tomillo imprescindibles para el jardín mediterráneo y la cocina.

Aunque a menudo se comercializa bajo la etiqueta genérica de «tomillo», la riqueza varietal en España es importante. Cada especie aporta un matiz diferente tanto al paladar como a la estética del jardín.

El tomillo común (Thymus vulgaris).

El tomillo común (Thymus vulgaris) es el clásico indiscutible. De porte erguido y leñoso, es la elección predilecta para macetas en el alféizar de la cocina o para crear estructuras aromáticas en el jardín.

Su follaje grisáceo y su floración blanca o rosada son el estándar de la planta aromática mediterránea. Es el más versátil en la cocina, soportando bien las cocciones largas en guisos y estofados.

Planta de tomillo limón

El tomillo limonero (Thymus x citriodorus).

Si buscamos un toque diferente, el tomillo limonero o tomillo limón (Thymus x citriodorus) es una opción de alto valor decorativo. Frecuentemente se encuentran cultivares como el ‘Aureus’ o ‘Silver Queen’, que presentan hojas con bordes amarillos o crema.

Su aroma es claramente cítrico, refrescante y menos terroso que el tomillo común, lo que lo hace perfecto para tenerlo a mano en una maceta y utilizarlo en fresco sobre pescados, ensaladas o incluso en coctelería.

El tomillo rastrero o serpol (Thymus serpyllum).

Para la confección de rocallas, taludes o jardines de grava, el tomillo rastrero o serpol (Thymus serpyllum) es la especie de referencia. Su crecimiento es horizontal, emitiendo tallos que enraízan al tocar el suelo, creando densas alfombras vegetales que se cubren de flores de un rosa intenso o púrpura.

Es una planta muy resistente al pisoteo moderado y se utiliza a menudo para rellenar los huecos entre losas de piedra en caminos de jardín.

El tomillo rojo (Thymus zygis).

Dentro de las variedades autóctonas con gran potencial ornamental destaca el tomillo rojo (Thymus zygis), también conocido como tomillo aceitunero.

Es una planta más fina y modesta en tamaño que el vulgaris, pero extremadamente resistente y con un aroma muy penetrante, ideal para jardines de estilo silvestre o naturalista.

El tomillo aceitunero (Thymus piperella).

No podemos olvidar el tomillo aceitunero o pebrella (Thymus piperella), una joya botánica del levante español.

Aunque su cultivo en jardinería es menos frecuente fuera de su zona de origen, es muy codiciada por los aficionados a la gastronomía para el adobo de aceitunas y carnes. Su porte es pequeño y requiere un excelente drenaje, siendo ideal para el cultivo en macetas de barro y terracota.

El tomillo blanco o mejorana silvestre (Thymus mastichina).

Por último, merece mención el tomillo blanco o mejorana silvestre (Thymus mastichina). Se diferencia visualmente por sus inflorescencias globosas y de aspecto plumoso de color blanco.

Su aroma es muy particular, con notas alcanforadas y a eucalipto, aportando una nota distintiva en jardines de aromas y siendo visualmente muy ligero y aéreo.

Los cuidados culturales del tomillo en maceta y suelo.

El éxito en el cultivo del tomillo, independientemente de la especie, radica en respetar sus orígenes: sol y drenaje.

En el jardín, debemos evitar los suelos pesados y arcillosos que retengan humedad en exceso. Si nuestro suelo no drena bien, es preferible plantarlos en montículos o incorporar arena y grava al terreno.

El riego debe ser moderado; una vez establecidos, la mayoría de los tomillos toleran periodos de sequía, aunque en maceta requerirán una atención más regular, dejando siempre secar el sustrato entre riegos. Este sustrato debe drenar convenientemente.

Una labor fundamental para mantener la estética de la planta es la poda. Los tomillos tienden a lignificarse (volverse leñosos) con la edad, perdiendo hojas en la base y abriéndose de forma desgarbada.

Para evitarlo, se recomienda un recorte ligero justo después de la floración, eliminando las flores marchitas y despuntando las ramas verdes para favorecer un crecimiento compacto. Es muy importante no podar nunca sobre la madera vieja y seca, ya que la planta difícilmente rebrotará de esas zonas.

Con estos cuidados básicos, el tomillo se convierte en un compañero longevo en nuestro jardín o terraza, regalándonos años de aromas, sabores y belleza natural.

Anuncio