El Pino de Formentor (Miguel Costa Llovera)

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pino formentor

EL PINO DE FORMENTOR

Hay en mi tierra un árbol que el corazón venera;
de cedro es su ramaje, de césped su verdor,
anida entre sus hojas perenne primavera,
y arrastra los turbiones que azotan la ribera,
añoso luchador…

No asoma por sus ramas la flor enamorada,
no va la fuentecilla sus plantas a besar;
más báñase en aromas su frente consagrada
y tiene por terreno la costa acantilada;
por fuente el ancho mar…

Al ver sobre las olas rayar la luz divina,
no escucha el débil trino que al hombre da placer.
El grito oye, salvaje, del águila marina
y siente el ala enorme que vendaval domina
su copa estremecer…

Del limo de la tierra no toma vil sustento;
retuerce sus raíces en fuerte peñascal;
bebe rocío y lluvias, radiosa luz… y vientos,
y cual viejo profeta, recibe el alimento
de efluvio celestial.

¡Árbol sublime…! Enseña de vida, que adivino,
la inmensidad augusta domina por doquier.
Si dura le es la tierra, celeste su destino
le encanta, y aún le sirve el trueno y torbellino
de gloria y de placer…

¡Oh! sí; que cuando salta la ribera
los vientos y las olas, con hórrido fragor
entonces ríe y canta con la borrasca fiera
y, sobre rotas nubes la augusta cabellera,
sacude triunfador…

¡Árbol, tu suerte envidio! Sobre la tierra impura
de un ideal sagrado la cifra en tí he de ver…
Luchar, vencer constante, mirar desde la altura
vivir y alimentarse de cielo y de luz pura…
¡Oh vida…! ¡Oh noble ser!

¡Arriba oh, alma fuerte! Desdeña el lodo inmundo
y en las austeras cumbres, arraiga con afán,
verás, al pie, estrellarse las olas de este mundo,
y libres como alciones, sobre ese mar profundo
tus cantos volarán…

Miquel Costa i Llobera

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