Plantación de trepadoras en el jardín

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Bougainvillea sanderiana en la entrada de casa

Las plantas trepadoras representan un importante recurso arquitectónico y vegetal dentro del sector verde. Desde la producción en vivero hasta su integración en proyectos paisajísticos, estas especies destacan por su capacidad para colonizar el plano vertical, optimizando el espacio y aportando volumen sin requerir una gran superficie de suelo cultivable.

En el marco de su comercialización, ha evolucionado para responder a una demanda creciente de soluciones basadas en la naturaleza, buscando especies mejor adaptadas, con mayor resistencia al estrés hídrico y requerimientos de mantenimiento más ajustados.

En la actualidad, su papel, además de su valor ornamental, actúa como elementos clave para la creación de muros verdes y como consecuencia espacios, la integración de infraestructuras grises en el entorno natural y la mejora de la eficiencia energética de los edificios.

El uso y funciones de las trepadoras en la jardinería pública y privada

El enfoque, al integrar estas plantas, varía según el ámbito de aplicación. En la jardinería pública, las trepadoras cumplen funciones estructurales y medioambientales esenciales. Se utilizan para mitigar el efecto isla de calor en entornos urbanos, cubrir grandes muros de contención, infraestructuras viarias y pantallas acústicas.

En estos espacios priman criterios de rusticidad, bajo mantenimiento y adaptación climática, buscando maximizar los beneficios ecosistémicos con el menor consumo de recursos posible.

Por el contrario, en la jardinería privada, aunque la sostenibilidad sigue siendo un factor determinante, el diseño persigue objetivos más íntimos y orientados al bienestar. En patios, terrazas y jardines residenciales, se emplean para sectorizar espacios, proporcionar intimidad frente a miradas ajenas y tamizar la luz en zonas de descanso.

La selección de especies en el ámbito privado suele afinar más en texturas, aromas y secuencias de floración, creando microclimas agradables junto a la vivienda.

Las plantas trepadoras de hoja caduca: dinamismo estacional y control bioclimático

La elección de especies de hoja caduca responde a una estrategia bioclimática altamente eficiente. Al perder su follaje durante su periodo de reposo invernal, permiten el paso de la radiación solar, calentando de forma pasiva muros y espacios habitados.

Con la llegada del buen tiempo, desarrollan una densa cobertura que proyecta sombra, reduce la temperatura ambiental y aumenta la humedad relativa. Precisamente por ello, si las trepadoras van a desarrollarse sobre una pared de la vivienda, se recomienda utilizar especies de hoja caduca para que en los meses más fríos no se acumule humedad en las paredes.

Entre las trepadoras de hoja caduca que pueden utilizarse en pérgolas, cenadores, celosías, etc. se encuentran especies como: Ampelopsis veitchii, Bignonia capensis, Bignonia capreolata, Bignonia grandiflora, Bignonia jasminoides, Bignonia tweediana, Campsis grandiflora, Campsis radicans, Campsis x tagliabuana, Jasminum nudiflorum, Lonicera caprifolium, Lonicera fragrantissima, Lonicera japonica, Parthenocissus quinquefolia, Parthenocissus tricuspidata, Rosa banksiae, Solanum wendlandii, Thunbergia grandiflora, Vitis coignetiae, Vitis vinífera, Wisteria floribunda, Wisteria sinensis, etc.

Hiedra como planta trepadora sobre un muro de piedra

Plantas trepadoras de hoja perenne: cobertura constante y opacidad

Cuando el objetivo del proyecto requiere mantener la opacidad visual y un volumen verde constante a lo largo de todas las estaciones, las especies de hoja perenne son la opción indicada.

Estas plantas son fundamentales para tapar vistas no deseadas de forma permanente o para consolidar cierres perimetrales que exigen privacidad durante todo el año. Además, actúan como excelentes cortavientos y proporcionan un refugio continuo para la fauna auxiliar, contribuyendo al equilibrio biológico del entorno.

Y entre las trepadoras de hoja perenne que pueden utilizarse en pérgolas, cenadores, celosías, etc. se encuentran especies como: Allamanda cathartica, Bougainvillea spp, Hedera canariensis ‘Gloire de Marengo’, Hedera colchica, Hedera helix, Jasminum azoricum, Jasminum fruticans, Jasminum grandiflorum, Jasminum humile, Jasminum mesnyi, Jasminum officinale, Jasminum sambac, Lonicera periclymenum, Mandevilla laxa, Pandorea jasminoides, Passiflora caerulea, Passiflora edulis, Passiflora quadrangularis, Plumbago auriculata, Solanum jasminoides, Trachelospermum jasminoides

El proceso de plantación de plantas trepadoras

El éxito en el establecimiento de estas plantas trepadoras radica en una correcta planificación de las labores culturales, empezando por la elección del lugar y la preparación del suelo.

Lugar y la preparación del terreno

Según la estructura y superficie a cubrir, recurriremos a una u otra especie. De igual forma, a la hora de la plantación de trepadoras, tendremos en cuenta el terreno sobre el que vivirán. Recordemos que son muchos años los que van a permanecer en ese lugar y es una pena comprobar con el tiempo que no son capaces de desarrollarse más por falta de una tierra adecuada.

Por otra parte, lo ideal en cada unidad de plantación es utilizar la misma especie y si es posible, la misma variedad. Con ello conseguiremos una mayor uniformidad en el desarrollo, armonía de color tanto en hojas como en floración, así como una mejora y eficiencia en el control de plagas y enfermedades, podas, abonado, etc.

Parra virgen en el jardín

Cómo plantar plantas trepadoras

La plantación puede realizarse en cualquier momento del año si se compran en contenedor. De comprarlas a raíz desnuda, sólo podremos hacerlo durante su reposo vegetativo en los meses de invierno.

El método adecuado consiste en cavar un hoyo del doble del diámetro del cepellón como mínimo, procurando que este quede a unos 30 centímetros alejado de la pared.

Este es el momento perfecto para mejorar las características del terreno, añadiendo de un 20 a un 40 % de sustrato universal o de plantación sobre el mayor volumen de tierra posible, mezclándolo de forma homogénea.

También aprovecharemos para incorporar un buen abono orgánico o de liberación lenta como fertilización de fondo. El añadir estas enmiendas no solo se nutre a la planta, sino que ayudará a mantener una mayor humedad a disposición del sistema radicular, optimizando el uso del agua de riego.

Antes de introducir la planta, llenaremos el hoyo con agua para que la humedad se reparta formando un gran bulbo húmedo alrededor de la zona de plantación.

Al extraer la planta de la maceta, entresacaremos algunas de las raíces que se encuentran en la parte exterior del cepellón, con cuidado de no romperlas en exceso, para facilitar su dispersión y anclaje. Esto es muy importante, sobre todo si la planta ha pasado mucho tiempo en la maceta o contenedor y sus raíces se encuentran fuertemente enrolladas.

Durante la plantación, procuraremos que el nivel de enterramiento sea unos 3 ó 5 centímetros por encima del que la planta tenía en su cepellón original; con ello ayudaremos a emitir nuevas raíces por encima de la base del tallo.

Finalmente, cubriremos el hoyo con la tierra mejorada, la aprisionaremos muy ligeramente para evitar bolsas de aire y regaremos abundantemente.

Podemos conformar un pequeño alcorque o montículo alrededor de la zona de plantación para favorecer la acumulación del agua, sobre todo durante los dos primeros meses.

También, si lo deseamos, podemos extender una fina capa de varios centímetros de mantillo después de haber empapado bien la tierra, que reducirá la pérdida de agua por evaporación y servirá de enmienda orgánica continua durante los siguientes meses.

Los sistemas de guiado y tutorado de las plantas trepadoras

La plantación de trepadoras va asociada ineludiblemente a las estructuras sobre las cuales se va a desarrollar. Cenadores, pérgolas, celosías y vallas son estructuras, ya sean existentes o de nueva creación, en las que necesitaremos recurrir a la cubierta vegetal para obtener un conjunto espectacular, no sólo desde un punto de vista ornamental sino también de confort.

El guiado será constante en el tiempo, procurando que las ramas no tomen excesiva fuerza fuera del espacio deseado, ya que se lignifican y esto dificulta su manejo futuro, pudiéndose producir roturas indeseadas.

Para un correcto desarrollo, sujetaremos los tallos guía a la estructura, distribuyéndolos de manera uniforme y extendiéndolos a lo ancho por la parte inferior. Si es preciso, realizaremos pequeñas podas para favorecer la brotación lateral y evitar que la planta se quede poco poblada por la base.

Estos atados o sujeciones deben hacerse con rafias o macarrón agrícola que no estrangulen ni dañen a las ramas. Es importante dejar la mayor holgura posible en las ataduras, previendo que los tallos engrosarán con el paso de los años y pueden darse casos de estrangulamiento. En cuanto al tipo de rafia, conviene que sea de un color que se integre en el conjunto para que no afecte al valor ornamental del conjunto.

En ciertas instalaciones se suele recurrir a sistemas de cables de acero inoxidable tensados o mallas modulares, que ofrecen un soporte firme y ordenado, facilitando el trabajo de mantenimiento y garantizando la estabilidad de la planta frente a la acción del viento.

Como vemos, la integración de una trepadora en el jardín no concluye en el momento de asentar su cepellón en la tierra; es ahí donde comienza un proceso continuado de adaptación entre la especie botánica y el entorno arquitectónico. A medida que estas plantas adquieren madurez, requerirán intervenciones más específicas para mantener su equilibrio y sanidad, una materia técnica que sin duda merece una formación técnica para dominar el manejo del plano vertical en el paisajismo.

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