Depuración de aguas mediante filtros vegetales

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Filtros vegetales para descontaminación en viviendas

Los filtros vegetales para la depuración natural del agua en el jardín es una práctica cada vez más habitual en la bioconstrucción y la jardinería ecológica. Un particular puede depurar las aguas que genera su vivienda mediante un filtro vegetal, creando lo que técnicamente llamamos un humedal artificial a pequeña escala.

Para una vivienda, lo más recomendable y sencillo es centrarse en las «aguas grises», que son las procedentes de duchas, lavabos y lavadoras, aunque con un diseño adecuado y un tratamiento previo (como una fosa séptica), también se pueden tratar las aguas negras.

¿Qué son los filtros vegetales y su magia en el jardín?

Cuando pensamos en depurar el agua, solemos imaginar instalaciones industriales de hormigón llenas de maquinaria ruidosa y productos químicos. Sin embargo, la naturaleza lleva millones de años perfeccionando su propio sistema de limpieza hídrica a través de los humedales.

Los filtros vegetales, también conocidos como humedales artificiales o biofiltros, no son más que la recreación de estos ecosistemas naturales en un espacio controlado.

En el contexto de un hogar y su jardín, un filtro vegetal es una zona plantada que recibe el agua usada de la vivienda y, a través de la acción conjunta de las plantas, el sustrato y los microorganismos, la devuelve limpia al medioambiente o la deja lista para ser reutilizada en el riego.

Para un amante de las plantas, incorporar un filtro vegetal es dar un paso más allá en la jardinería tradicional. No solo estamos cultivando especies por su valor ornamental, sino que les estamos otorgando un papel activo en la ecología de nuestro hogar.

Visualmente, un biofiltro bien diseñado se percibe simplemente como una hermosa zona húmeda del jardín, un macizo exuberante de plantas acuáticas o de ribera que aporta frescor y belleza, ocultando bajo sus raíces un motor incansable de purificación biológica.

El funcionamiento y éxito de la fitodepuración

El éxito de la depuración no depende únicamente de la planta, sino de una asociación perfecta que ocurre bajo la superficie. Cuando el agua jabonosa o con restos orgánicos llega al filtro, primero se encuentra con un lecho de gravas de diferentes tamaños.

Estas piedras actúan como un colador, reteniendo las partículas más gruesas. Pero la verdadera transformación es biológica y ocurre en la rizosfera, es decir, en el entorno de las raíces.

Las plantas acuáticas o en este caso, plantas macrofitas, tienen la capacidad de captar oxígeno del aire a través de sus hojas y tallos, conduciéndolo hasta sus raíces. Al liberar este oxígeno bajo la tierra, crean diminutas burbujas en un entorno que normalmente estaría ahogado.

Este oxígeno es el soplo de vida para millones de bacterias beneficiosas que se instalan en la grava y en las propias raíces. Estas bacterias son las verdaderas trabajadoras de la planta depuradora: se alimentan de la materia orgánica y de los contaminantes del agua, descomponiéndolos en nutrientes simples que, a su vez, sirven de abono para que las plantas sigan creciendo con un mayor vigor.

Esquema básico de filtros vegetales para descontaminación en viviendas

El tratamiento de aguas domésticas: grises y negras

A la hora de plantearnos llevar esta maravilla a nuestra parcela, debemos diferenciar el origen del agua.

Por un lado, tenemos las aguas grises, procedentes de la ducha, el lavabo o la lavadora. Estas aguas contienen jabones, piel muerta y restos menores, siendo las candidatas perfectas y más seguras para empezar con la fitodepuración casera. Con un simple filtro de retención de grasas y pelos previo, el agua gris puede entrar directamente al humedal plantado.

Por otro lado, encontramos las aguas negras, que son las que provienen del inodoro y contienen una carga bacteriana y orgánica muy alta. Tratar aguas negras con plantas también es completamente viable, de hecho, se hace en muchas ecoaldeas y casas rurales, pero requiere necesariamente que el agua pase primero por una fosa séptica o decantador que digiera los sólidos más pesados antes de enviar el líquido resultante al filtro vegetal.

Para iniciarse en un jardín convencional, desviar las aguas grises hacia nuestro biofiltro es el proyecto más gratificante y manejable.

Cómo integrar y construir un biofiltro en tu parcela

Imaginemos que queremos aprovechar el agua de nuestras duchas diarias para mantener un vergel sin gastar agua potable. El diseño de nuestro pequeño humedal requiere planificación.

Lo ideal es situarlo en una zona del jardín con ligera pendiente para que el agua se mueva por gravedad, evitando el uso de bombas eléctricas. Se debe excavar un vaso o zanja de unos sesenta a ochenta centímetros de profundidad.

Como no queremos que el agua sucia se filtre sin control al subsuelo, es indispensable revestir este hueco con una lámina impermeabilizante resistente, similar a la que se utiliza para construir estanques de jardín, protegiéndola previamente con un buen geotextil para evitar pinchazos con el terreno.

Una vez creado el área o vaso estanco, se rellena con gravas limpias, colocando las de mayor tamaño en las zonas de entrada y salida del agua, y gravas más finas en el centro, donde plantaremos.

El agua entrará por un extremo a través de un tubo perforado oculto bajo las piedras, viajará lentamente por el interior del lecho empapando las raíces, y saldrá limpia por el extremo opuesto, cayendo a un pequeño estanque ornamental o a un depósito para su uso mediante riego por goteo, por ejemplo.

Al mantener el nivel del agua unos centímetros por debajo de la superficie de la grava, evitamos por completo la proliferación de mosquitos y los malos olores, garantizando un entorno totalmente higiénico.

La selección de plantas para depurar el agua con belleza

La elección de las plantas es, sin duda, la fase más atractiva para cualquier aficionado a la jardinería. Necesitamos especies palustres o macrófitas, aquellas que adoran tener los pies en el agua y desarrollan sistemas radiculares profundos y vigorosos.

El Iris pseudoacorus o lirio amarillo es un clásico imprescindible; sus fuertes raíces oxigenan muy bien el sustrato y, a cambio, nos regala una floración espectacular en primavera.

Las eneas y los carrizos son los campeones de la depuración gracias a su crecimiento rápido y potente, aunque en jardines pequeños conviene vigilar que no asfixien a otras compañeras.

Para aportar diversidad y color, podemos incorporar la Zantedeschia aethiopica, también llamadas calas, que prosperan sorprendentemente bien asimilando la humedad y los nutrientes de las aguas grises, ofreciendo sus elegantes y reconocibles flores blancas.

Los papiros, el Juncus effusus (junco fino) o la Mentha aquatica, también son opciones excelentes que se adaptan a la perfección a los márgenes de nuestro humedal.

La combinación de varias de estas especies asegurará que el filtro funcione correctamente durante todo el año, adaptándose a las diferentes estaciones y aportando un volumen de vegetación muy dinámico.

Así, implementar un filtro vegetal en casa trasciende el mero ahorro de la factura del agua. Supone cerrar un ciclo vital en nuestra propia parcela ya que aquella agua que antes simplemente desaparecía por el sumidero, ahora se convierte en la savia de un ecosistema vibrante.

A los pocos meses de su instalación, este rincón húmedo no solo nos ofrecerá un verdor sin igual, sino que atraerá o servirá de oasis para las libélulas, mariposas, ranas y aves insectívoras, convirtiéndose en el corazón del jardín.

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