Plagas de la marihuana

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Rama de marihuana sana

El cultivo de la marihuana, ya sea que hablemos de diferentes tipos de marihuana, o mejor dicho, dede especies como Cannabis sativa, Cannabis indica o Cannabis ruderalis, requiere una atención a su estado fitosanitario.

Como cualquier otra especie vegetal, esta planta interactúa con su entorno y es susceptible al ataque de diversos insectos y ácaros que buscan alimentarse de su savia o de sus tejidos. Y aunque la lista teórica de posibles amenazas es extensa, en la práctica diaria las verdaderas plagas que comprometen la viabilidad de las cosechas son muy concretas.

De todas formas, la prevención, el manejo de las condiciones ambientales y el diagnóstico temprano son factores determinantes para mantener la sanidad vegetal y garantizar un desarrollo óptimo desde la etapa vegetativa hasta la maduración de las flores. En este contexto, vamos a explicar las diferentes plagas de la marihuana más populares.

La araña roja y el estrés hídrico

La araña roja (Tetranychus urticae) es, sin duda, la reina del verano y uno de los mayores retos cuando las humedades relativas son muy bajas y las temperaturas ambientales se disparan.

Se trata de un ácaro diminuto que apenas supera el medio milímetro de longitud y presenta un característico color rojizo en su etapa adulta. Su reproducción se realiza mediante huevos y, bajo condiciones climáticas favorables, completa su ciclo biológico en apenas unos días. Esto implica que puede generar varias generaciones al año, otorgándole un poder de invasión agresivo.

El daño principal que causa esta araña roja es la debilitación de la planta, ya que se alimenta extrayendo su savia. Para hacerlo, este ácaro se sitúa en el envés de las hojas y utiliza su aparato bucal para cortar las paredes celulares, bebiendo los jugos contenidos en ellas. Al vaciarse, estas células mueren y la hoja adquiere un aspecto punteado, con diminutas manchas cloróticas de color blanco o amarillento. Estos daños celulares son irreversibles.

Su control exige elevar la humedad ambiental siempre que sea viable y aplicar tratamientos acaricidas específicos. Desde una perspectiva de optimización de recursos y respeto ambiental, el uso de depredadores naturales como el ácaro Phytoseiulus persimilis resulta muy eficaz, al igual que asegurar una cobertura total al pulverizar, mojando abundantemente los enveses del follaje.

La mosca blanca y daños indirectos

La mosca blanca, destacando especies como Bemisia tabaci, es otra plaga que exige una vigilancia constante. Con un aspecto inconfundiblemente blanco y una longitud aproximada de dos milímetros, estos insectos vuelan y se propagan con gran facilidad de una planta a otra, colonizando nuevas superficies en tiempo récord.

Su ciclo de reproducción también se basa en la puesta de huevos en el envés foliar y su mayor actividad se desarrolla desde el final del invierno hasta bien entrado el otoño, dependiendo de si el cultivo se encuentra en el hemisferio norte o sur.

Al igual que la araña roja, la mosca blanca debilita a la planta mediante la succión constante de savia. Sin embargo, su impacto va más allá de la pérdida de vigor, ya que produce severos daños indirectos.

Durante su alimentación, excretan una sustancia azucarada conocida como melaza. Sobre esta secreción se asienta rápidamente un hongo llamado negrilla o fumagina, el cual crea una densa capa oscura que bloquea la luz solar y merma drásticamente la capacidad fotosintética de las hojas.

El monitoreo mediante trampas cromáticas amarillas, los lavados preventivos con jabón potásico y, cuando la presión de la plaga lo requiere, el uso de insecticidas sistémicos de bajo impacto, son las estrategias más adecuadas para su erradicación.

El trips en la fase de floración

El trips es un insecto de cuerpo muy estrecho y alargado que ronda los dos milímetros de tamaño. En su estado adulto adopta diferentes coloraciones, predominando los tonos marrones, pajizos o grisáceos oscuros.

Se reproduce por huevos, insertándolos directamente en el interior de los tejidos vegetales tiernos. En cuanto a la temperatura óptima para su proliferación se sitúa en un rango entre los 20 y los 30 grados centígrados, condiciones muy habituales tanto en exterior durante la primavera como en instalaciones de cultivo dentro de casa.

Las lesiones las genera tanto en su estadio larvario como en el adulto, raspan la epidermis de la hoja y succionan los fluidos, dejando tras de sí unas manchas plateadas con pequeños puntos negros correspondientes a sus excrementos.

Crean daños especialmente severos durante la fase de floración, al afectar la formación estructural de los cogollos. Además, son difíciles de controlar por su gran movilidad y representan un importante foco de transmisión de virosis. El control biológico y los tratamientos fitosanitarios sistémicos, aplicados en las primeras fases de detección, resultan imprescindibles para evitar mermas en la producción.

Los minadores y la destrucción del parénquima

El minador de hojas es una plaga que genera una gran alarma visual. Aunque en otros cultivos agrícolas destaca el Phyllocnistis citrella, en este tipo de plantaciones solemos enfrentarnos a moscas agromícidas que siguen un patrón de comportamiento idéntico.

La hembra adulta deposita el huevo en el interior del tejido vegetal y la larva vive y se alimenta exclusivamente entre las dos capas externas de la hoja. En su avance, va creando una serie de galerías serpenteantes que destruyen el parénquima fotosintético, llegando a necrosar y arruinar la hoja por completo si no se actúa a tiempo.

Una práctica agronómica cultural muy efectiva consiste en la revisión visual y la eliminación manual de las primeras hojas afectadas o el aplastamiento de la larva al final de la galería. Si la incidencia se descontrola, la aplicación de insecticidas con acción translaminar o sistémica es la única vía para que el principio activo alcance el interior del tejido donde se refugia el insecto.

Las orugas masticadoras y el riesgo de hongos

El término orugas engloba a un amplio grupo de especies, todas ellas pertenecientes a la gran familia de los lepidópteros. Sus mariposas adultas depositan los huevos en las plantas y es precisamente durante la fase larvaria posterior cuando se produce el desastre. Estas larvas están dotadas de mandíbulas y son extraordinariamente devoradoras de masa foliar y tejidos tiernos.

El mayor peligro de esta plaga no es solo la cantidad de material vegetal que ingieren, sino que sus mordeduras y las heces que depositan en el interior de las estructuras florales generan focos de pudrición. Estos daños abren la puerta a infecciones fúngicas letales como la botrytis.

Para su manejo, la inspección del cultivo es necesaria. Desde una perspectiva de respeto por el medioambiente, la aplicación preventiva de productos a base de la bacteria Bacillus thuringiensis se posiciona como una solución biológica de alta eficacia frente a los primeros estadios larvarios.

Los pulgones en los brotes jóvenes

Por último, debemos destacar la persistente presencia de los pulgones. Estos áfidos tienden a congregarse en colonias densas sobre los tallos más tiernos y los ápices de crecimiento de la planta, frenando su desarrollo y debilitándola considerablemente. Según la especie específica que ataque nuestro cultivo, podemos encontrarlos de diferente color, ya sean negros, amarillos o verdes, con un tamaño que varía entre uno y tres milímetros.

Se alimentan introduciendo su aparato bucal en forma de estilete en los conductos del floema, extrayendo los nutrientes esenciales. Al igual que ocurre con la mosca blanca, los pulgones excretan melaza, favorecen la aparición de la negrilla y son vectores reconocidos de multitud de virus vegetales.

Los insecticidas de contacto o sistémicos de perfil ecológico, junto con la introducción de depredadores naturales, son herramientas útiles para mantener sus poblaciones a raya.

El rigor en los plazos de seguridad y el manejo integrado

En cualquier intervención fitosanitaria que decidamos emprender, es necesario respetar los plazos de seguridad especificados por el fabricante de cada producto. Estos tiempos deben ser lo suficientemente cortos y estar perfectamente calculados para garantizar que el material vegetal cosechado carezca de cualquier tipo de residuo antes de su procesamiento o consumo.

Por otra parte, saber la dinámica biológica de estos insectos y cómo interactúan con el clima local abre la puerta a un manejo del cultivo mucho más eficiente y preventivo.

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