Agallas de roble

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agallas quercus faginea

Las agallas de roble son unas curiosas bolas del tamaño de una nuez, de color marrón, provistas de unos piquitos que a menudo forman una corona, y de interior esponjoso y con aspecto acorchado.

Las agallas están presentes en numerosas especies y son estructuras de tipo tumoral inducidos por insectos y otros artrópodos, nemátodos, hongos e incluso bacterias. Estas agallas son la respuesta de la planta a la presencia del parásito en cuestión con un crecimiento anómalo de su tejido que intenta aislar el ataque o infección.

Según el individuo causante o la especie amenazada, este tejido de nueva formación adquiere formas muy variadas aunque todas con el mismo objetivo.

En el caso de las agallas de roble (Quercus ilex, Quercus coccifera, Quercus faginea, Quercus rotundifolia, Quercus suber…), se producen por la picadura de un insecto de la familia de los himenópteros Cynípedos (familia Cynips) en los brotes jóvenes, para hacer la puesta, quedando protegidos los huevos por estas.

Por otra parte, llama la atención o curiosidad a nivel científico las generaciones alternantes de estos insectos. En otoño Dryophanta folii, ágama o asexuada, pone sus huevos en los brotes tiernos y yemas produciendo las pequeñas agallas de invierno; la siguiente generación emerge en los meses de abril a mayo. La forma sexuada del cinípido, Dryophanta taschenbergii hembra, una vez fecundada, pone sus huevos en las hojas de los robles produciendo las agallas de verano, incubadoras de la forma asexuada.

Destacar que estas agallas de roble son muy apreciadas por su riqueza en taninos.

Ya a título general entre los productores de agallas en las plantas se encuentran los insectos (incluyendo avispas cinípidas, varios tipos de dípteros, pulgones y psílidos), hongos (Gymnosporangium), bacterias (Agrobacterium tumefaciens), virus e incluso otras plantas (Viscum).

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