Diferencias entre plantas perennes y vivaces

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Jardines con plantas perennes y vivaces

A menudo, al planificar un nuevo espacio verde, rediseñar una terraza o adquirir especies botánicas para un proyecto, nos topamos con términos técnicos que se utilizan indistintamente, generando cierta confusión. Dos de los conceptos que más dudas suscitan entre aficionados y profesionales del diseño de exteriores son el de planta perenne y planta vivaz.

Aunque en el lenguaje comercial a veces se fusionan bajo el mismo paraguas, desde la perspectiva agronómica y de la jardinería definen comportamientos biológicos distintos que condicionan por completo el mantenimiento y la evolución visual de un jardín a lo largo de los meses.

La naturaleza de las plantas perennes

Desde un punto de vista botánico, una especie perenne es aquella cuyo ciclo de vida se extiende por más de dos años. A diferencia de las plantas anuales o bianuales, que germinan, florecen, semillan y mueren en un corto periodo de tiempo, las perennes están diseñadas biológicamente para perdurar.

La confusión más frecuente surge al asociar la palabra perenne exclusivamente con la conservación del follaje durante todo el año, lo que solemos llamar de hoja perenne.

Si bien, una gran cantidad de árboles, arbustos y herbáceas mantienen sus estructuras intactas frente a las inclemencias climáticas, la perennidad se refiere a la longevidad del individuo en sí, no necesariamente a su aspecto inalterable.

Estas especies perennes constituyen la estructura arquitectónica permanente de cualquier proyecto de paisajismo, aportando volumen, sombra y una presencia constante sobre el terreno, sirviendo de anclaje visual independientemente de la temporada.

El mecanismo de supervivencia de las vivaces

Por su parte, las plantas vivaces comparten esa longevidad de las perennes, ya que también viven varios años, pero han desarrollado una estrategia de adaptación climática muy específica frente a condiciones ambientales extremas.

Ante la llegada del frío invernal o de una estación seca y calurosa prolongada, la parte aérea de la planta, es decir, sus tallos, hojas y flores, se marchita y desaparece por completo de la superficie. Sin embargo, la planta no muere. Por ello son, en su mayoría, muy adecuadas para formar parte de un xerojardín

Su sistema radicular entra en un estado de latencia subterránea protegiéndose mediante órganos de reserva, como pueden ser los rizomas, los bulbos, los tubérculos o las raíces carnosas.

Cuando las temperaturas y fotoperiodo vuelven a ser favorables, ya sea a partir de marzo en el hemisferio norte o hacia septiembre en el hemisferio sur, la planta rebrota con fuerza utilizando la energía que había almacenado bajo tierra.

En resumen, toda vivaz es una planta perenne, pero no toda perenne es una vivaz.

La aplicación estratégica vivaz vs perenne en el diseño paisajístico

Conocer esta diferencia de comportamiento de una determinada planta es una herramienta técnica fundamental para el éxito de cualquier plantación y para la optimización de los recursos hídricos y nutricionales de los sustratos. De este modo, al diseñar un macizo floral, una bordura o un jardín naturalista, los arquitectos paisajistas combinan ambas tipologías de forma sumamente estudiada.

Las especies estrictamente perennes que conservan su follaje actúan como telón de fondo y garantizan que el espacio no luzca desnudo o carente de interés durante los meses más duros del invierno. Las vivaces, en cambio, aportan un dinamismo estacional que transforma el paisaje de manera radical, marcando el ritmo del ecosistema con sus floraciones explosivas y su posterior reposo.

Esta sinergia reduce significativamente la necesidad de adquirir y replantar especies de temporada cada año, favoreciendo un modelo de jardinería mucho más sostenible, económico y respetuoso con los ciclos naturales del suelo.

Como vemos, saber la biología que se esconde bajo la superficie nos permite tener una visión mucho más madura a la hora de cultivar y diseñar espacios. Porque en lugar de percibir la desaparición invernal de una planta vivaz como un problema estético, aprendemos a valorarla como un descanso biológico necesario que garantiza la salud del suelo y la vitalidad futura del entorno.

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