La Echinacea en jardinería

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Flores de Echinacea rosa

En el diseño de jardines y el paisajismo actual se están experimentando una transformación, alejándose de los modelos enfocados en gran medida al valor ornamental, para enfocarse a otras propuestas mucho más sostenibles y resilientes.

En este escenario cambiante, condicionado por los cambios en los patrones climáticos y la necesidad de optimizar los recursos hídricos, aquellas especies vegetales que logran aunar un alto valor estético con una fuerte adaptabilidad ecológica se van convirtiendo en los pilares de cualquier proyecto verde. Por ello, tanto los profesionales del sector como los aficionados a la xerojardinería, hoy buscan plantas capaces de prosperar y mantener su aspecto y vigorosidad frente a la adversidad ambiental, favoreciendo al mismo tiempo la biodiversidad local.

Es precisamente en este contexto donde la Echinacea como planta perenne se presenta como una protagonista destacada. Lejos de representar una moda pasajera, esta planta perenne ha consolidado su posición en el diseño de exteriores gracias a su rusticidad y a una capacidad de floración que se prolonga durante meses.

Además, su integración en corrientes de diseño como en movimientos naturalista, ha demostrado que es plenamente factible lograr un impacto visual sin comprometer los recursos del entorno. Porque su porte estructurador y sus característicos conos centrales, ofrecen un interés continuo que transita desde la explosión de color estival hasta la belleza escultural de su latencia invernal.

Los orígenes botánicos y el descubrimiento de la Echinacea

El género botánico Echinacea tiene su origen evolutivo en los extensos ecosistemas de praderas, llanuras y bosques abiertos ubicados en el centro y este de América del Norte.

Históricamente, las poblaciones indígenas norteamericanas, entre las que destacan los comanches y los cheyennes, reconocieron el profundo valor etnobotánico de estas especies y durante siglos, estas culturas utilizaron decocciones y extractos de sus partes aéreas y raíces por sus propiedades cicatrizantes, antimicrobianas e inmunoestimulantes.

Su introducción en el continente europeo se produjo durante los siglos XVIII y XIX, motivada casi en exclusiva por el interés farmacológico de la naciente industria herbolaria. En aquella época, se importaban semillas para elaborar suplementos enfocados a la prevención de afecciones respiratorias. No fue hasta las últimas décadas del siglo XX cuando los genetistas y botánicos comenzaron a ver su verdadero potencial para el mercado ornamental.

La equinácea púrpura o coneflower

En el ámbito de la jardinería y el cultivo aficionado, esta planta recibe diversos nombres comunes que varían según la región geográfica. El nombre más extendido en lengua hispana es el de equinácea púrpura, en alusión directa a la especie botánica más cultivada tradicionalmente.

Por otro lado, en el mundo anglosajón es muy conocida como coneflower, un término marcadamente descriptivo que hace referencia a la forma cónica y prominente del centro de su inflorescencia.

Flores de Echinacea naranja

Descripción botánica de la Echinacea

La Echinacea se clasifica botánicamente dentro de la extensa familia de las asteráceas (Asteraceae). Respecto a la etimología de su nombre, deriva del vocablo griego echinos, que se traduce como erizo, una referencia directa a la morfología de las brácteas rígidas y espinosas que conforman el disco central o cono de su característica flor.

Esta planta vivaz, se caracteriza por desarrollar un sistema radicular pivotante en su fase adulta, el cual es capaz de explorar horizontes profundos del terreno en busca de la humedad residual.

A nivel foliar, la planta posee tricomas, unos pequeños pelos epidérmicos que le confieren una textura áspera al tacto. La función principal de estos tricomas es aumentar la reflectancia de la radiación solar directa, mitigando la carga térmica sobre sus tejidos y reduciendo de forma importante la tasa de evapotranspiración cuticular. En el sector ornamental, dentro de las curiosidades de las Tillandsias podemos apreciar la importancia de los tricomas que les permite vivir literalmente del aire.

Las cualidades destacadas de la Echinacea

Una de las virtudes agronómicas más relevantes de esta especie es su elevada rusticidad frente a las inclemencias meteorológicas, mostrándose capaz de soportar altos niveles de radiación solar y periodos de estrés hídrico moderado una vez que se ha establecido en el terreno.

Un salto destacable y reciente, reside en las innovaciones genéticas que han eliminado la necesidad de someter a la planta a un periodo de frío invernal, conocido como vernalización, para inducir su floración.

Variedades actuales de Echinacea desarrolladas por obtentores especializados como Danziger, florecen profusamente en su primer año de cultivo sin requerir dicho estímulo térmico. Esta característica facilita el cultivo continuo y garantiza un poder de floración temprano que puede iniciarse hacia las últimas semanas de abril y primeras de mayo, llegando a prolongar su floración hasta las últimas de junio. También hay que destacar que, según las características de estas nuevas variedades, estos periodos pueden se más amplios por sus dos extremos.

Las posibilidades y usos de la Echinacea en el paisajismo y el jardín

La aplicación de esta perenne ha trascendido el diseño clásico del parterre para convertirse en un elemento estructural dentro de la jardinería pública e institucional, así como en el paisajismo privado.

En el diseño de paisajes contemporáneos, su uso se asocia de forma habitual al Nuevo Movimiento Perenne. Esta corriente paisajística prioriza el uso de especies herbáceas de ciclo largo que mantienen un interés arquitectónico continuo durante todas las estaciones, valorando el aspecto de la planta incluso cuando esta entra en reposo invernal y sus conos florales quedan expuestos.

La Echinacea es una especie protagonista en la xerojardinería y en los diseños de estilo naturalista. En estos entornos, se planifica su uso mediante la disposición de grandes masas heterogéneas, entrelazándose con gramíneas ornamentales de textura fina para generar un paisaje de alta dinámica visual y reducir de forma muy significativa los requerimientos en riegos del jardín.

Cómo plantar la Echinacea en el jardín

Para asegurar el éxito a largo plazo en la implantación de esta perenne, la elección del emplazamiento resulta muy importante. La planta necesita de una exposición a pleno sol, debiendo recibir un mínimo de seis a ocho horas de iluminación directa diaria. Una escasez provoca el alargamiento de los entrenudos en busca de luz, generando tallos débiles incapaces de sostener el peso de la flor y reduciendo la densidad y color de la floración.

Un aspecto técnico fundamental durante el momento de la plantación es respetar la profundidad adecuada. El cuello de la planta, que es la zona de transición entre el sistema radicular y los tallos aéreos, debe quedar a ras del nivel del suelo. Enterrar el cuello por debajo de este nivel, favorece posibles problemas de hongos y por lo tanto, la viabilidad de la planta.

El sustrato recomendado para la plantación de la Echinacea

Las raíces gruesas y carnosas de la Echinacea prefieren un medio de cultivo con una alta macroporosidad, lo que se traduce en un mayor porcentaje de espacios llenos de aire tras la saturación por riego. Una mezcla adecuada debe partir de una base de turba rubia de estructura gruesa, combinada con fibra de coco para favorecer la correcta rehumectación, así como aportes de perlita o corteza de pino compostada para asegurar un buen drenaje.

Desde otro punto de vista, el sustrato debe mantenerse en un rango de pH comprendido entre 5,7 y 6,5. Los niveles inferiores pueden solubilizar metales como el hierro y el manganeso, causando toxicidades en los bordes de las hojas. Por el contrario, un pH superior a 6,8 bloquea la asimilación de micronutrientes, provocando clorosis.

Consejos de bricojardinería para la plantación de la Echinacea en macetas o jardineras

Para los aficionados que deseen cultivar la Echinacea en macetas, contenedores o jardineras para patios o terrazas, la elección del recipiente influye directamente en la sanidad del sistema radicular. Por ejemplo. las macetas fabricadas en barro o cerámica porosa sin esmaltar son la opción idónea frente a los polímeros plásticos, ya que permiten la transpiración de las parades de la humedad y mantienen las raíces más frescas frente a la insolación estival.

También es recomendable colocar en el fondo del recipiente una capa de guijarros, arena gruesa de río o arcilla expandida, para evitar que se cree una zona encharcada del sustrato el fondo de la maceta o jardinera.

Si la intención es plantar directamente en la tierra del jardín y el terreno es de naturaleza arcillosa o muy pesada, conviene realizar una mejora del mismo. Esto implica aportar materias primas como fibra de coco, perlita, arcilla expandida o gravilla volcánica, por ejemplo, junto con compost orgánico para garantizar que el agua percole mejor y no se concentre en la zona radicular.

Nuevas variedades de Echinacea

Los cuidados esenciales de la Echinacea en el jardín

La gestión del riego en el cultivo de la Echinacea, representa la herramienta de mantenimiento más importante. Se deben aplicar riegos profundos pero espaciados, asegurando que las capas superficiales del suelo se sequen entre cada riego. El encharcamiento continuado le es perjudicial, ya que induce a la asfixia radicular, facilitando el ataque de patógenos y muerte por asfixia radicular.

Para potenciar el poder de floración y ampliarlo a lo largo de las estaciones, es recomendable practicar la eliminación de las flores marchitas. Al suprimir los capítulos florales, fuerza a la planta a redirigir su energía hacia las yemas laterales para producir sucesivas oleadas de nuevas flores.

Durante la temporada de frío, en zonas expuestas a heladas extremas, Una vez que la planta entra en hibernación, se puede aplicar una cobertura de mantillo orgánico protector, a modo de mulching, sobre la base para aportar un aislamiento térmico. Es necesario retirar esta capa al comienzo de la primavera para no entorpecer el calentamiento del suelo y facilitar la nueva brotación.

Consejos de cultivo de la Echinacea

Tanto el aficionado avanzado como el profesional del mantenimiento, deben prestar atención a la evolución del sistema radícular de la Echinacea.

Con el paso de los años, el rizoma genera un proceso de lignificación que puede congestionar el centro de la mata madre, evidenciando una pérdida parcial de vigor. Para mejorar la vitalidad vegetativa y mantener la planta en óptimas condiciones, se debe proceder a desenterrar y dividir la mata madre cada tres o cuatro años. Esta labor llamada, de rejuvenecimiento, debe realizarse durante el periodo de reposo invernal o en la fase inicial de la primavera.

Las empresas de paisajismo, además, logran resultados interesantes al integrar las nuevas genéticas disponibles en el mercado. Colecciones con gamas cromáticas que incluyen desde el dorado brillante y tonos papaya hasta fucsias vibrantes y rojos intensos, son factores que mejoran y mucho el resultado de la utilización de esta planta en el jardín.

Para conseguir estas nuevas variedades, los viveristas profesionales recurren a la compra de empresas especializadas en planteles ornamentales de perennes como Vivergal, que mediante la figura del “Selector”, buscan las mejores genéticas para testarlas y ofrecerlas al mercado español.

Estas, ponen en el mercado las mejores variedades de Echinacea con colores novedosos que se suman a los tradicionales. En este caso, con plantas que alcanzan unos tamaños de alrededor de unos 26 a 30 centímetros de altura por 18 a 20 centímetros de ancho, lo que permite diseñar macizos vegetales de gran densidad que florecen de forma ininterrumpida sin exigir labores continuas de recorte o tutorado.

Curiosidades sobre la Echinacea

Más allá de su mayor valor estético, la integración de esta perenne, que no vivaz, ya que hay una notable diferencia entre plantas perennes y vivaces, fomenta de manera activa la regeneración de la biodiversidad en nuestros espacios verdes. Su robusta inflorescencia, también llamada cono floral, funciona como una plataforma de aterrizaje para la entomofauna, atrayendo a una amplia diversidad de lepidópteros y a familias de himenópteros, como abejas solitarias y abejorros.

Siguiendo las directrices del paisajismo naturalista contemporáneo, si decidimos dejar los tallos al concluir el verano, los frutos secos contenidos en estos conos florales, permanecen intactos durante los meses de frío. Esto proporciona un recurso alimenticio de alto valor energético para las poblaciones de avifauna local en la época de mayor escasez alimentaria.

Otra particularidad de gran interés se encuentra en su evolución cromática de sus inflorescencias. Durante mucho tiempo, la jardinería ornamental solo contemplaba los tonos rosados o púrpuras de la especie original. Fue en la década de los noventa cuando los genetistas cruzaron esta especie con la Echinacea paradoxa, la única representante botánica del género que posee pétalos amarillos en su entorno natural. Este cruce desencadenó una revolución cromática sin precedentes, abriendo paso a los naranjas, cobrizos y bicolores que enriquecen los catálogos actuales.

Por todo ello, el estudio y la plantación de especies perennes como la Echinacea, adaptadas a la climatología y dotadas de un valor ecológico, transforma la manera en la que concebimos los espacios exteriores. También nos permite dejar atrás la fragilidad estacional para construir paisajes sólidos, resilientes y llenos de biodiversidad.

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