Posidonia oceanica como planta marina

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Posidonia oceanica en el mar Mediterráneo

Adentrarse en el estudio de la flora nos lleva a veces fuera de la tierra firme para descubrir ecosistemas sumergidos de un valor incalculable. Un ejemplo de ello es la especie que nos ocupa, la Posidonia oceanica, un endemismo estricto del mar Mediterráneo que se encuentra amenazado y debemos cuidar para salvaguardarlo en toda su amplitud.

Origen y descubrimiento de Posidonia oceanica

La Posidonia oceanica fue descrita inicialmente por el célebre naturalista Carlos Linneo en el siglo dieciocho, quien la denominó Zostera oceanica. Sin embargo, fue en el año 1813 cuando el botánico francés Alire Raffeneau Delile reevaluó sus características taxonómicas y la rebautizó con su nombre actual, dedicando el género al dios griego del mar, Poseidón.

Esta especie es un endemismo estricto del mar Mediterráneo, lo que significa que no se encuentra de forma natural en ninguna otra parte del mundo. Estamos ante una planta acuática.

En las costas españolas, goza de una presencia muy destacada, formando extensas praderas submarinas en el litoral de la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia, Andalucía, Cataluña y, muy especialmente, en las Islas Baleares, donde sus formaciones alcanzan un estado de conservación y una envergadura notables.

A nivel popular, y debido a diversos usos que veremos más adelante, ha recibido nombres comunes que a menudo generan confusión taxonómica. El más extendido es el de alga de vidrieros o alga de los cristaleros.

También se la conoce en algunas regiones como altina. No obstante, el uso generalizado de la palabra alga en sus nombres comunes es botánicamente incorrecto, un detalle que merece una aclaración detallada para comprender la verdadera naturaleza de este ser vivo.

Posidonia oceanica en el mar Mediterráneo

La Posidonia oceanica es un alga o una planta

Para un ingeniero agrónomo o un aficionado avanzado a la botánica, observar la estructura de esta especie resulta verdaderamente revelador. Al contrario de lo que muchos bañistas piensan al ver sus restos en la orilla, estamos ante una planta fanerógama marina, concretamente una angiosperma adaptada a la vida completamente sumergida. Por lo tanto, la Posidonia oceanica es una planta acuática.

Su anatomía es idéntica a la de muchas plantas herbáceas que cultivamos en la superficie. Cuenta con un sistema radicular verdadero que la ancla firmemente al lecho marino arenoso, a profundidades que pueden alcanzar hasta los cuarenta metros, siempre que la transparencia del agua permita la llegada de luz solar.

De estas raíces parten unos rizomas leñosos y gruesos de los cuales brotan haces de hojas en forma de cinta. Estas hojas, de un color verde intenso, pueden llegar a medir hasta medio metro de longitud y presentan nervaduras paralelas, características típicas de las plantas monocotiledóneas.

Con el paso del tiempo, la acumulación de rizomas muertos y vivos, junto con el sedimento atrapado, forma unas elevaciones en el fondo marino conocidas como matas, una estructura que modifica físicamente el paisaje submarino de manera similar a como lo hacen las terrazas de cultivo en las laderas de nuestras montañas.

Qué diferencia a la Posidonia oceanica de las algas marinas

La distinción botánica entre ambos grupos es fundamental. Las algas pertenecen a un grupo de organismos evolutivamente más antiguos y simples, carentes de un sistema vascular verdadero para el transporte de savia. Tampoco poseen raíces, tallos ni hojas reales; en su lugar, presentan estructuras análogas llamadas rizoides, estipes y frondes, que absorben los nutrientes directamente del agua circundante a través de toda su superficie.

Por el contrario, la protagonista de nuestro artículo, la Posidonia oceanica, presenta un sistema vascular completo. Sus raíces extraen nutrientes del sustrato marino y sus hojas realizan la fotosíntesis.

Otra diferencia esencial, que la vincula directamente con la jardinería tradicional, es su método de reproducción. Mientras que las algas se reproducen principalmente por esporas o fragmentación, la Posidonia oceanica produce flores verdaderas y semillas, completando un ciclo reproductivo propio de las plantas terrestres que lograron colonizar el mar.

El ciclo de cultivo de la Posidonia oceanica

El ritmo de crecimiento temporal de esta especie es extremadamente lento. Sus rizomas apenas avanzan un centímetro al año, lo que nos da una idea del tiempo que requiere la formación de una gran pradera.

Al igual que los árboles caducifolios de nuestros jardines, experimenta un ciclo estacional muy marcado. Durante el otoño, renueva su follaje, perdiendo las hojas más antiguas que adquieren un tono pardo antes de desprenderse y ser arrastradas por el oleaje hacia las playas.

Es precisamente en la época de otoño e invierno cuando tiene lugar su floración, un fenómeno que no ocurre todos los años y que depende en gran medida de las temperaturas del agua.

Sus flores son un hallazgo ornamental peculiar. No poseen pétalos llamativos, ya que no necesitan atraer insectos polinizadores; dependen de las corrientes de agua para transportar el polen. Se presentan en forma de pequeñas espigas de tonos verdosos y amarillentos ocultas entre el follaje.

Tras la polinización, en primavera, desarrollan un fruto carnoso flotante conocido popularmente como oliva de mar. Este fruto se desplaza con las corrientes hasta que se abre y libera la semilla, la cual cae al fondo para germinar e iniciar la formación de una nueva planta. Saber que también se le denomina a esta planta como oliva de mar, de forma común, en algunas comunidades de personas.

Posidonia oceanica en el mar Mediterráneo

El papel indispensable de la Posidonia oceanica en la biodiversidad de su medio natural

Desde la perspectiva del paisajismo y la ecología, las praderas submarinas actúan como verdaderos bosques. Son consideradas los pulmones del Mediterráneo, dado que un solo metro cuadrado de esta planta puede generar una cantidad de oxígeno superior a la de la misma superficie de la selva amazónica.

Esta intensa actividad fotosintética la convierte en un sumidero de carbono de primer orden, mitigando los efectos del cambio climático de forma silenciosa pero constante.

Además de oxigenar y filtrar el agua, otorgándole esa cristalinidad turquesa tan apreciada en nuestras costas donde se encuentran, funciona como una barrera natural. Sus densas praderas frenan la fuerza del oleaje y protegen las playas de la erosión.

Paralelamente, constituyen un refugio vital, una zona de desove y una guardería para cientos de especies de peces, crustáceos y moluscos, sustentando la red trófica marina y la economía pesquera local.

Las posibilidades y usos del potencial orgánico de la Posidonia oceanica

Históricamente, las poblaciones costeras han sabido aprovechar los restos de esta planta que el mar depositaba en la costa. Su nombre vernáculo, alga de vidrieros, proviene precisamente de su uso como material de embalaje para transportar piezas de cristal delicadas.

También se ha utilizado tradicionalmente como lecho para el ganado, para rellenar colchones y ahuyentar chinches, e incluso, en épocas de escasez extrema, sirvió como alimento para rebaños, aunque carece de valor culinario para el consumo humano directo.

Hoy en día, su interés agronómico es muy relevante. Las hojas secas recogidas de las playas, tras un proceso adecuado de lavado para reducir su salinidad, constituyen un abono orgánico de calidad y un excelente material para la elaboración de compost en nuestro bricohuerto, aportando minerales esenciales al suelo.

Además, investigaciones recientes exploran los extractos de sus hojas por su riqueza en polifenoles, mostrando propiedades antioxidantes y antifúngicas con un gran potencial para la industria de la conservación de alimentos.

Normativas de la Posidonia oceánica para uso agrario

Pero también es cierto que, más allá de las dificultades técnicas para su uso, existe un muro normativo infranqueable que se debe conocer y respetar.

Las acumulaciones de hojas muertas en la orilla, conocidas técnicamente como arribazones o bermas, no son un residuo que el mar desecha. Cumplen una función mecánica vital como escudo protector de la costa. Estas barreras naturales amortiguan la energía del oleaje durante los temporales y evitan la pérdida de arena, frenando de forma drástica la erosión del litoral.

Debido a esta función de protección costera y a que la planta está catalogada como especie estrictamente protegida a nivel europeo y nacional, la alteración o retirada de estos arribazones por parte de particulares está totalmente prohibida y sujeta a fuertes sanciones económicas.

La responsabilidad medioambiental que siempre promovemos entre los aficionados a la agricultura urbana implica entender que ese material vegetal es mucho más útil protegiendo nuestras playas que fertilizando nuestros bricohuertos o jardines.

La viabilidad del cultivo de la Posidonia oceanica en un estanque o acuario de agua salada

Es muy habitual que los aficionados al acuarismo marino se pregunten si es posible trasladar un fragmento de este bosque submarino a un tanque en casa.

Desde la agronomía y el diseño de ecosistemas cerrados, la respuesta requiere mucha prudencia. Su cultivo en cautividad es extremadamente complejo y, a efectos prácticos, inviable para el aficionado. Requiere una columna de agua muy profunda, un régimen de corrientes muy específico, parámetros de temperatura estrictos y una iluminación de gran potencia térmica y lumínica.

A esta dificultad técnica se suma un factor legal ineludible. Dado su lento crecimiento y su papel ecológico crucial, es una especie estrictamente protegida por normativas europeas y nacionales.

La extracción de plantas, rizomas o incluso arena de sus inmediaciones está totalmente prohibida y severamente sancionada. Por lo tanto, su contemplación debe limitarse a su entorno natural mediante el buceo, respetando siempre su frágil ecosistema.

Curiosidades asombrosas de la Posidonia oceanica bajo la superficie

El ecosistema que genera la Posidonia oceanica esconde datos que desafían nuestra visión de la biología.

Entre las islas de Ibiza y Formentera se ha identificado una pradera originada a partir de la clonación de un único individuo cuyos rizomas se han extendido a lo largo de quince kilómetros. Los estudios genéticos estiman que la edad de este organismo ronda los cien mil años, convirtiéndolo a la Posidonia oceanica en el ser vivo más longevo del planeta descubierto hasta la fecha.

Otra curiosidad muy visible en nuestras playas, son las llamadas egagrópilas. Son esas bolas de fibras marrones de aspecto seco que encontramos en la arena. Se forman por la fricción del oleaje que enreda las fibras de los rizomas y las hojas muertas de la planta. Lejos de ser suciedad, la presencia de estas esferas en el litoral es el síntoma inequívoco de que las aguas costeras están limpias y albergan praderas submarinas sanas y llenas de vida.

Saber la dinámica de organismos adaptados a medios tan hostiles y a la vez tan perfectos, nos obliga a replantearnos los límites de la botánica. El mar alberga extensiones vegetales que requieren la misma atención y conocimiento que los jardines que diseñamos y cuidamos en tierra firme.

Queda en nuestra mano seguir observando, estudiando y difundiendo el funcionamiento de estos ecosistemas sumergidos para asegurar que su ciclo natural siga enriqueciendo nuestro entorno por muchos siglos más.

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