El género botánico Mentha representa uno de los grupos de plantas aromáticas más cultivados y apreciados tanto en la jardinería ornamental como en la horticultura de ocio.
Su gran capacidad de adaptación a diferentes climas y suelos, unida a la riqueza de sus aceites esenciales, ha permitido que su presencia sea constante en proyectos de paisajismo, huertos urbanos y colecciones de aromáticas en terrazas.
Sin embargo, cuando nos acercamos a un vivero o centro de jardinería en España para adquirir una de estas plantas, nos encontramos con un catálogo tan amplio que la elección puede resultar abrumadora. Saber la base botánica de esta diversidad es fundamental para seleccionar la planta que mejor se adapte a nuestras necesidades culinarias o de diseño exterior.
Las especies botánicas de menta más consolidadas en España
Si observamos el mercado nacional español, existen varias especies que conforman la base vertebral del cultivo de esta aromática. La más extendida y conocida por todos es la Mentha spicata, la clásica hierbabuena de la que ya hemos hablado en otro artículo en este mismo medio, reina indiscutible de la cocina tradicional y de aroma fresco y equilibrado.
Junto a ella, destaca por su importancia comercial la Mentha x piperita, conocida como menta piperita o menta negra. Se trata de un híbrido estéril surgido del cruce natural entre la propia Mentha spicata y la Mentha aquatica.
La piperita se distingue por un follaje ligeramente más oscuro y, sobre todo, por una concentración de mentol muy superior, lo que le otorga un aroma punzante y un sabor picante, ideal para usos medicinales, extracción de aceites esenciales y aplicaciones en repostería.
Otra especie muy arraigada en nuestra cultura, especialmente en el ámbito de las infusiones tradicionales, es la Mentha pulegium, popularmente llamada poleo menta. A diferencia de sus compañeras de porte erguido, el poleo presenta un hábito de crecimiento más rastrero, con hojas mucho más pequeñas y flores dispuestas en verticilos globosos a lo largo del tallo, liberando un aroma penetrante característico.
En zonas con mayor humedad edáfica, también es frecuente encontrar la Mentha suaveolens, conocida como mastranzo o menta de manzana. Esta especie resulta muy interesante a nivel ornamental por sus hojas redondeadas, rugosas y cubiertas de una fina pubescencia, desprendiendo una fragancia suave que recuerda inequívocamente a la manzana verde.

Las mentas de sabores: genética frente a marketing
Al visitar centros especializados, cada vez más, podemos encontrar etiquetas que anuncian variedades con nombres tan sugerentes como menta chocolate, menta fresa, menta naranja o menta piña, por ejemplo.
Es lógico preguntarse, si estamos ante especies botánicas distintas o ante una simple estrategia de marketing de las empresas productoras. La realidad engloba ambos conceptos de una forma interesante.
El género Mentha posee una enorme facilidad para hibridarse de forma espontánea y una altísima variabilidad genética. Esta plasticidad afecta de manera directa a la composición química de sus aceites esenciales, modificando el perfil de terpenos que la planta sintetiza.
Cuando los viveristas y mejoradores vegetales detectan una mutación natural o un híbrido espontáneo que desarrolla un aroma particular, lo aíslan. Al comprobar que sus características son estables, proceden a su multiplicación vegetativa, exclusivamente mediante esquejes o división de rizomas, para garantizar que las plantas hijas sean clones exactos con el mismo perfil aromático.
Por lo tanto, estamos ante selecciones genéticas reales o cultivares. El marketing interviene al bautizar comercialmente a ese cultivar basándose en las notas olfativas que predominan en su follaje.
El ejemplo más representativo es la famosa menta chocolate. A nivel botánico, suele tratarse de un cultivar específico de Mentha x piperita (a menudo referenciado como Mentha x piperita f. citrata ‘Chocolate’) que desarrolla tallos de un marcado tono oscuro, casi bronce, y cuyas hojas desprenden un aroma idéntico al de los conocidos bombones de menta y cacao.
De igual manera, la menta fresa o la menta jengibre son selecciones botánicas reales cultivadas por su peculiar carga aromática, ofreciendo al consumidor una experiencia sensorial auténtica, sin la intervención de aromas artificiales.
La integración paisajística y cultivo de la colección de mentas
Disponer de esta amplia gama de variedades de menta abre nuevas vías en el diseño de zonas exteriores. En un proyecto de paisajismo, podemos crear un jardín sensorial agrupando diferentes variedades, jugando con las texturas rugosas del mastranzo, los tallos violáceos de la menta chocolate y el porte tapizante del poleo menta.
A nivel agronómico, los requerimientos de todas estas variedades son muy similares: exigen sustratos ricos en materia orgánica, una excelente capacidad de retención de humedad y una ubicación con buena insolación, agradeciendo cierta protección en las horas centrales de los días más tórridos del verano.
La principal precaución en su mantenimiento sigue siendo el control de su potente sistema radicular rizomatoso.
Para evitar que las distintas variedades se mezclen en el terreno y terminen compitiendo entre sí, resulta muy práctico cultivarlas en macetas o jardineras individuales. Si se desea integrarlas en el suelo del jardín, una técnica profesional muy efectiva consiste en plantarlas en áreas limitadas perimetralmente mediante materiales geosintéticos o de obra, simulando estructuras tipo estanque, creando una barrera física que limite la expansión horizontal de los rizomas, manteniendo así el diseño original de nuestra plantación.
En su conjunto, la riqueza botánica que encierra este género vegetal nos demuestra que el diseño de un espacio verde puede ir mucho más allá del impacto puramente visual. Incorporar esta diversidad genética de mentas en nuestros proyectos o en la repisa de nuestra ventana, nos permite establecer un diálogo diario con la naturaleza a través del olfato y el gusto.

