Tipos de marihuana

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Planta de marihuana en floración

Referirse a tipos de marihuana es hacerlo a sus diferentes especies. Entre las más conocidas, destacan la Cannabis sativa, Cannabis indica y Cannabis ruderalis.

El cultivo de la marihuana (también denominada cáñamo) y sus variantes, ha acompañado a la humanidad durante milenios, integrándose en diversas culturas de todo el globo.

Cuando los aficionados y cultivadores se adentran en el conocimiento de esta planta, es una práctica habitual escuchar debates sobre los diferentes tipos de marihuana que existen en el mercado actual. Sin embargo, desde una perspectiva botánica y agronómica, hay que aclarar este concepto para hablar con propiedad.

Lo que popularmente denominamos «tipos de marihuana», en realidad hace referencia a diferentes especies y a sus correspondientes hibridaciones dentro de un mismo género botánico. Esta distinción es la base para comprender el comportamiento vegetativo, los requerimientos climáticos y las enormes posibilidades de desarrollo que ofrece cada genética particular cuando la integramos en nuestro espacio de cultivo.

Descripción botánica del género Cannabis

Para entender a qué nos enfrentamos al cultivar esta especie, debemos analizar su morfología. Como marihuana, se trata de una planta herbácea de ciclo anual, dioica en su estado natural, lo que significa que desarrolla ejemplares masculinos y femeninos de manera independiente.

Su estructura presenta tallos erguidos, surcados y, a menudo, huecos en su etapa de madurez, sustentados por un vigoroso sistema radicular pivotante que profundiza en el sustrato para asegurar una óptima absorción de nutrientes y agua.

Las hojas del género Cannabis son palmaticompuestas, caracterizadas por sus márgenes fuertemente aserrados y una disposición opuesta en la base de los tallos que se vuelve alterna conforme la planta alcanza el ápice de sus ramas.

Durante su etapa reproductiva, las plantas femeninas desarrollan densas inflorescencias ricas en tricomas glandulares, unas diminutas estructuras epidérmicas donde se sintetizan y acumulan los terpenos y compuestos activos que le otorgan su aroma inconfundible.

El origen, descubrimiento y denominaciones populares de la marihuana

El origen evolutivo de este género botánico se sitúa en Asia Central, concretamente en las estribaciones montañosas de la cordillera del Himalaya, desde donde se expandió de forma paulatina, tanto de manera natural como mediante la acción humana, hacia diversas latitudes.

La clasificación científica oficial en la taxonomía fue iniciada por el naturalista sueco Carlos Linneo, quien en el año mil setecientos cincuenta y tres, documentó la especie original basándose en ejemplares que se cultivaban en el continente europeo.

A lo largo de la geografía mundial, la vasta cultura popular ha bautizado a esta planta con infinidad de nombres vernáculos. Según la región, es frecuente escuchar términos como cáñamo, hierba, ganja, maría, macoña o weed, denominaciones que no hacen más que reflejar su profundo arraigo en diferentes sociedades, tradiciones y usos agrícolas a lo largo de los siglos.

La especie Cannabis sativa

Al profundizar en la taxonomía, las variedades procedentes de Cannabis sativa componen la línea genética más conocida, estudiada y consumida históricamente.

Esta especie es originaria de países con climas tropicales de América del Sur y Asia, un factor ambiental que ha determinado su morfología a lo largo de los años. Las plantas pertenecientes a este grupo se caracterizan por ser las más altas, superando con facilidad los dos e incluso tres metros de altura cuando se desarrollan sin restricciones en suelo directo.

Su estructura es abierta, con ramificaciones largas que facilitan la ventilación, y sus hojas presentan foliolos muy estrechos y afinados, diseñados por la naturaleza para transpirar eficientemente en ambientes de alta humedad. Estas cualidades la hacen especialmente apta para ser sembrada y cultivada al aire libre en regiones de otoños largos.

Entre las sensaciones que produce el consumo de esta especie se destaca un marcado poder estimulante debido a que contiene delta-9-tetrahidrocannabinol, actuando como un promotor del apetito, aportando energía y pudiendo provocar estados de euforia, aunque en situaciones de dosis extremas o descontroladas puede actuar como desencadenante de alteraciones perceptivas.

La especie Cannabis indica

A finales del siglo dieciocho, el biólogo evolutivo francés Jean-Baptiste Lamarck identificó una segunda especie al estudiar ejemplares recolectados en expediciones por Asia.

Las variedades derivadas de la especie Cannabis indica se diferencian claramente de la anterior debido a su proceso de adaptación a climas mucho más áridos, fríos y montañosos. Se pueden encontrar en su hábitat natural en países como la India o Pakistán, desarrollándose en la cordillera del Hindu Kush.

Morfológicamente, esta especie no alcanza tanta altura, adquiriendo un tamaño mediano con un porte arbustivo, denso y muy ramificado. Sus hojas presentan un tono verde mucho más oscuro, con foliolos notablemente más anchos y cortos que optimizan la captación de luz solar.

En cuanto a sus propiedades, estas genéticas destacan por su alto contenido en cannabidiol en proporción a otros cannabinoides, lo que produce una sensación de profunda relajación física, un claro efecto narcótico y un descanso prolongado, alejándose por completo de los estados de euforia o excitación asociados a su hermana tropical.

La especie Cannabis ruderalis

Ya entrado el siglo veinte, los botánicos documentaron una tercera especie adaptada a las hostiles condiciones ambientales de Siberia y extensas zonas de Europa del Este.

Las variedades pertenecientes a la Cannabis ruderalis se caracterizan por su tamaño mucho más pequeño que las anteriores, un desarrollo foliar escaso y porque no tiende a florecer dependiendo de los cambios estacionales de luz.

Posee la capacidad innata de iniciar la floración en función de su edad biológica, un mecanismo de pura supervivencia desarrollado tras siglos de adaptación a veranos extremadamente cortos.

Aunque produce una sensación relajante suave gracias a su baja concentración de cannabinoides, es una especie que se utiliza mucho actualmente en la agronomía para, mediante hibridaciones, crear nuevas variedades que hereden esta independencia lumínica, también llamada fotoperiodo.

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Hibridaciones y posibilidades actuales de la marihuana

Como hemos adelantado, estas tres especies componen la base genética más conocida, pero lo destacable y verdaderamente rico en la actualidad está en sus variedades híbridas propias o interespecíficas.

Entre los tipos de marihuana, las variedades actuales son obtenidas mediante meticulosas hibridaciones en las que han trabajado genetistas especializados durante décadas, o de forma natural, ya sea por polinización espontánea o simplemente fruto de una evolución por factores de adaptación a condiciones climáticas adversas.

Este trabajo ha originado nuevos comportamientos agronómicos y efectos particulares. Un ejemplo claro de esta evolución en el mercado lo encontramos en el desarrollo de genéticas que florecen rápido.

Hoy en día, las aplicaciones del género Cannabis abarcan desde el aprovechamiento de la fibra de sus tallos para la industria de bioplásticos y textiles ecológicos, hasta el estudio de sus compuestos activos para formular soluciones enfocadas en el bienestar humano, ofreciendo alternativas vegetales para el cuidado corporal, la cosmética avanzada y la mejora de la calidad de vida frente a dolencias crónicas.

Curiosidades de la marihuana

En torno a esta planta giran numerosas curiosidades fisiológicas que logran sorprender a quienes se acercan a su estudio. Un dato curioso es su capacidad como especie fitorremediadora, lo que significa que posee la habilidad biológica de limpiar suelos muy contaminados al absorber metales pesados e impurezas químicas del terreno a través de su sistema radicular, una propiedad que se ha utilizado en diversos ensayos de recuperación ambiental en zonas degradadas por la industria.

Además, la manifestación de tonalidades azuladas o moradas en ciertas genéticas durante su fase final de desarrollo, no responde a un simple capricho estético de la naturaleza. Este cambio cromático se debe a la acumulación de antocianinas en los tejidos de la planta, un mecanismo de protección celular diseñado para hacer frente al estrés térmico producido por el descenso de las temperaturas nocturnas conforme se acerca el final del ciclo vital.

Como vemos, la evolución genética de la marihuana y la tecnificación en las labores culturales han transformado nuestra forma de relacionarnos con los recursos botánicos que nos rodean. Así, los continuos estudios agronómicos siguen desvelando perfiles terpénicos inéditos y adaptaciones fisiológicas que abren puertas en el campo de la biología vegetal aplicada.

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