Hiedras

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Hiedras

La hiedra es el nombre más popular de la Hedera sp., un género de plantas muy apreciado en el mundo ornamental. Sus tallos sirven como elemento decorativo (verdes ornamentales) para la elaboración de ramos y arreglos florales, cultivada en pequeñas macetas son ideales para la decoración de interiores y cultivadas en tarrinas como plantas colgantes,… y en jardinería abarca prácticamente todos los campos: para crear muros de ocultación, como planta cubresuelos, para recubrir paredes, porches, cenadores, celosías, etc. pudiendo crear ambientes con un toque romántico y acogedor.

Sin duda es una de las plantas trepadoras más hermosas y versátiles que podemos encontramos a día de hoy dada su rusticidad y rápido crecimiento, agrandada su popularidad por la gran diversidad de variedades existentes en el mercado en los que sus formas y colores jaspeados de sus hojas componen un catálogo extensísimo.

Tipos de hiedras

El nombre más correcto de la hiedra es el de Hedera, pertenece a la familia Araliaceae y es un género (Hedera sp.) que acoge a numerosas especies. Por lo tanto, cuando hablamos de hiedras debemos saber de qué especie se trata según el uso que tengamos previsto hacer de ella. Según la especie difiere su velocidad de crecimiento, tamaño de hojas, colores de las mismas, etc.

Hiedras

Entre las diferentes especies de hiedras, las más populares desde un punto de vista ornamental son:

  • Hiedra de Argelia (Hedera algeriensis)
  • Hiedra de Azores (Hedera azorica)
  • Hiedra de Canarias (Hedera canariensis)
  • Hedera caucasigena
  • Hiedra del Cáucaso (Hedera colchica)
  • Hedera cypria
  • Hiedra común (Hedera helix)
  • Hiedra de Irlanda (Hedera hibernica)
  • Hiedra de Madeira (Hedera maderensis)
  • Hedera maroccana
  • Hiedra del Nepal (Hedera nepalensis)
  • Hiedra de Pastuchov (Hedera pastuchowii)
  • Hiedra del Japón (Hedera rhombea)
  • Hedera sinensis
  • Hedera taurica

Cómo es la hiedra

Aunque hablamos de diferentes especies de hederas, todas ellas mantienen unas características similares en cuanto a su comportamiento. Según el tipo de hiedra variará el tamaño de sus hojas, la longitud entre nudos, la velocidad de crecimientos, el matizado de sus hojas, su mayor o menor capacidad de tapizar, etc. pero todas ellas tienen en común que son plantas trepadoras, de hoja perenne y tallos que según envejecen se vuelven más leñosos.

Por naturaleza son de crecimiento denso y en estado salvaje crecen a nivel del suelo creando masas en forma de alfombras que no superan los 30 centímetros de altura. De la misma forma, cuando encuentran una superficie apta para trepar como por ejemplo los troncos de los árboles, unas rocas o estructuras arquitectónicas, trepan sobre ellas pudiendo superar los 20 metros de altura. Su desarrollo puede ser tal que en caso de trepar sobre los troncos de los árboles, algunas especies de hiedras pueden llegar a ocasionar su muerte.

En cuanto a sus hojas, aportan además de su valor ornamental una interesante curiosidad: dos aspectos distintos en función del estado de desarrollo de la planta.

  • Sobre tallos juveniles. Cuando sus tallos son juveniles este se comporta como tallo trepador, flexible, con raicillas adventicias para su sujeción y con las hojas más o menos lobuladas y del color característico de la especie y variedad.
  • Sobre tallos adultos florales. Estas ramas pierden flexibilidad y se hacen más leñosas y rígidas, no emiten raíces adventicias y sus hojas adquieren forma acorazonada perdiendo sus lóbulos. Sobre el final de estas ramificaciones emite sus inflorescencias.

Hiedras

Florecen según la especie desde primavera a otoño, aunque lo más frecuente en España es que lo haga a finales de verano y extendiéndose a lo largo de todo el otoño. Lo hace emitiendo inflorescencias con pequeñas florecillas de escaso valor ornamental de un color verdoso amarillento que se agrupan en inflorescencias terminales de entre tres y cinco centímetros de diámetro por umbela. En el jardín estas segregan un néctar que es una fuente importante de alimento tardío para abejas.

Tras su fecundación producen pequeñas bayas carnosas de unos 5 a 10 mm de color verde que viran a negro o púrpura oscuro conforme maduran. Cada baya puede contener de 1 a 5 semillas que maduran de finales del invierno hasta mediados de la primavera. Estas bayas no son comestibles para los humanos por ser algo venenosas, si bien estas forman parte de la dieta de muchas aves, que tras comerlas dispersan las semillas, contribuyendo así a su expansión.

Cómo cuidar la hiedra

La hiedra es una planta muy silvestre, rústica y en condiciones sin control puede llegar a ser invasora. Por lo tanto no requiere demasiados cuidados para que se desarrolle sana y hermosa.

Requiere un sustrato fértil, de tipo franco y si cuenta con una humedad constante desarrollará su sistema radicular de forma rápida y potente, proporcionándole a la planta un gran vigor, sobre todo durante os meses cálidos del año.

La ubicación debe ser a plenos sol, aunque soporta la semi sombra, sobre todo las especies cultivadas como plantas de interior. Su temperatura ideal se sitúa entre los 18 y 28ºC.

La fertilización puede ser quincenal en verano y cada 20 días en invierno, aportando en el agua de riego un fertilizante del tipo 18-12-24 más microelementos. En verano, cuando los riegos son más frecuentes se puede aportar sobre un gramo de abono por litro y en invierno subir a gramo y medio por abonado.

En cuanto a la poda irá en función de lo que deseemos de una determinada hiedra. Si queremos cubrir una pared o muro, simplemente recortaremos las ramas que invadan zonas no deseadas como puertas o ventanas. Si la utilizamos como planta cubresuelo simplemente se podarán aquellas ramas que invadan los caminos o intenten trepar por los árboles o palmeras. Si la tenemos como planta colgante, su estado ornamental nos orientará para que mediante podas mantenga su forma deseada y mantenga un estado vegetativo compacto.

Hiedras

Reproducción de la hedera

La multiplicación de la hiedra es muy sencilla y rápida. Hay varios métodos.

Reproducción de la hiedra por semilla. Recolectaremos su semilla en invierno cuando esta esté bien madura, la limpiaremos eliminando la parte carnosa de la baya y la guardaremos seca en un lugar sin luz ni humedad. La sembraremos durante la primavera sobre un sustrato del tipo plantas de interior, cubriéndola ligeramente con este mismo sustrato y lo mantendremos siempre húmedo hasta que germine, que lo hará a las pocas semanas. Cuando tenga del orden de 5 a 8 hojas ya estarán las plantas listas para su repicado individual a una maceta.

Reproducción de la hiedra por acodo. Se trata de enterrar secciones de las ramas bajo el suelo, como si la rama fuese enterrándose y emergiendo del suelo varias veces. Conforme enraícen los tallos enterrados, podemos seccionarlos consiguiendo tallos con raíces y resto de rama con hojas. Estos los plantaremos inmediatamente tras su corte a una maceta individualmente.

Reproducción de la hiedra por esqueje. Sobre los meses cálidos del año, cortaremos trozos de ramas de unos 5 a 10 centímetros consiguiendo unidades de tallo con dos a tres hojas. Los clavaremos en un sustrato como el utilizado para la siembra y regaremos. Los protegeremos de las corrientes de aire y del sol directo. Iremos rociando estos esquejes con agua a las horas de más calor para que no se deshidraten y en estas condiciones enraizarán en tres o cuatro semanas.

Plagas de la hiedra

Las plagas más típicas que atacan a las hiedras son las cochinillas, los trips y los ácaros.

En cuanto a las enfermedades destacan las manchas foliares causadas por los hongos Xanthomonas, Colletotrichum y Alternaria, que se combaten con productos a base de cobre.

También podemos observar el ennegrecimiento de sus hojas y en este caso, generalmente se debe a un exceso de riego. Bastará con disminuirlos.

La aparición de hojas secas se puede deber a temperaturas excesivas y escasa humedad relativa. Y la desaparición del variegado puede ser debido a un exceso de abono y luz insuficiente.

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