Westringia fruticosa

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Flores de Westringia fruticosa

La Westringia fruticosa es una planta arbustiva ornamental recientemente introducida en Europa procedente de nuestras antípodas: Australia. Su rusticidad y gran parecido con el romero mediterráneo le ha permitido introducirse con éxito en el ámbito de la jardinería tanto pública como privada ya no sólo en la denominada jardinería mediterránea, sino también en la decoración de jardines centroeuropeos.

De crecimiento rápido, sin necesidad de cuidados especiales, resistente a la sequía y heladas mediterráneas, la hacen una planta muy válida para la xerojardinería al igual que su uso en el control de la erosión.

Romero costero

Popularmente se le llama romero costero por el gran parecido que posee con el tradicional romero (Rosmarinus officinalis). Su nombre científico es Westringia fruticosa, pertenece a la familia Lamiaceae y es originario de las zonas costeras australianas. Otros nombres comunes son romero australiano y romero victoriano.

Flores de Westringia fruticosa

Posee un porte de pequeño arbusto muy ramificado que en su conjunto crea masas globosas de hasta un metro y medio de altura por una anchura similar. Sus raíces fasciculadas exploran con fuerza el terreno, permitiéndole vivir en ambientes con cierta sequía, resistente a la salinidad y por ello hace que esta planta sea muy indicada para zonas costeras.

Su follaje perenne es suave y abigarrado de color verde grisáceo y blanco muy similar al del romero. Estas hojas son pequeñas, sentadas, alargadas, puntiagudas, con el margen revoluto y consistencia coriácea. Su envés plateado está cubierto de minúsculos pelos al igual que sus tallos. El color del haz es de color verde oscuro o grisáceo.

Las flores de Westringia fruticosa son labiadas, axilares, con el pétalo superior dividido en dos y mucho más ancho que los demás que van según la variedad desde el blanco a azulado. Los tres pétalos inferiores poseen puntos marrones a rojizos en su interior. No son olorosas, pero sí melíferas lo que la hace atractivas para las mariposas y las abejas. Florece principalmente durante la primavera, si bien según el clima lo puede hacer desde marzo a septiembre.

Una vez fecundadas produce frutos secos en aquenios redondeados con minúsculas semillas en su interior. La recolección de estas para su reproducción se realiza durante el otoño.

Cuidados de la Westringia fruticosa en jardín

Los cuidados de la Westringia fruticosa en el jardín son mínimos dada su rusticidad. Es una planta muy válida para la xerojardinería.

Su exposición es a pleno sol y es ideal para cobertura formal del suelo si bien permite su poda topiaria e incluso hay quien la cultiva como bonsái. Por su rusticidad puede utilizarse en pendientes para el control de la erosión y en zonas costeras con vientos salinos como cortavientos de baja altura.

Aunque hablamos de jardinería, se entiende también como cultivada en contenedores donde adquiere un buen porte ornamental, tanto por su follaje como por su abundante floración.

Flores de Westringia fruticosa

Crece en una amplia gama de suelos incluso con un cierto grado de salinidad. Su pH óptimo se sitúa alrededor del neutro, aunque vegeta bien en suelos ligeramente alcalinos o ácidos. Requiere un suelo bien drenado y fértil, soportando aquellos franco arenoso o franco arcilloso. Si es en contenedor, uno del tipo sustrato universal mezclado con un aporte de arena lavada de río para mejorar su aireación funcionará bien. En estos casos es importante añadir una base de grava para facilitar el drenaje.

Propia de ambientes costeros resistente a la sequía y no tolera bien el frío, aunque aguanta temperaturas que no bajen de los 6°C. No tolera bien los trasplantes.

La fertilización puede ser con un abono del tipo 18-12-24 más microelementos para mantener un crecimiento fuerte y compacto. Si se aplica en el agua de riego puede diluirse un gramo y medio de este abono por litro de agua una vez cada 15 días durante primavera, verano y otoño.

Es aconsejable podarla anualmente cuando su tamaño se exceda o queramos renovar su follaje, siendo el momento ideal a finales del verano.

Por rusticidad, la Westringia fruticosa carece prácticamente de plagas y enfermedades. Solo cuidar el exceso de agua para evitar daños radiculares.

Variedades Westringia fruticosa
Gracias a su buena aceptación en el mercado de la jardinería, se han ido consiguiendo realizar selecciones genéticas hasta poner en el mercado algunas variedades de Westringia fruticosa, como por ejemplo:

  • Westringia fruticosa ‘Jervis Gem’. Planta especialmente compacta que no supera el metro de altura.
  • Westringia fruticosa ‘Morning Light’. Se caracteriza por los márgenes amarillos de sus hojas.
  • Westringia fruticosa ‘Smokey’. De flores blancas o rosa pálido.
  • Westringia fruticosa ‘Wynyabbie Gem’. De flores azul lavanda.

Es muy común encontrar en los centros de jardinería plantas de Westringia fruticosa comercializadas con etiquetas en las que se les identifican Westringia mix. Se trata de plantas entre las que se encuentran un conjunto de estas y otras variedades.

Con unos pequeños cuidados crece rápidamente, es muy fácil de cuidar y puede vivir durante muchos años.

Flores de Westringia fruticosa

Westringia sp

En el mercado ornamental se pueden encontrar diferentes especies del género Westringia sp. Este comprende unas 25 especies de arbustos perennifolios australianos.

Entre ellas destacan tanto la Westringia glabra de hojas recubiertas de una aterciopelada pelusa y porte abierto y la Westringia fruticosa de porte más compacto y más alta.

Del cruce entre Westringia glabra y Westringia fruticosa ha surgido el híbrido ‘Glabra Cadabra’, que destaca por su brillante follaje verde y sus pequeñas flores violetas agrupadas en racimos.

Otra especie destacable es la Westringia longifolia de hojas muy finas y largas. Esta posee una variedad comercial llamada ‘Snow Flurry’ de flores blancas con pequeños puntos rojos en la garganta de la flor.

Cultivo de la Westringia fruticosa

El cultivo de la Westringia fruticosa en Europa se realiza principalmente en viveros ubicados en los países del arco mediterráneo, entre ellos España, con una importante producción en la comunidad de Andalucía.

Si bien se puede reproducir tanto mediante semillas o esquejes, son estos últimos el método más utilizado, tanto por su rapidez de desarrollo como clonación y por lo tanto fijación de las características ornamentales más demandadas por el mercado.

Flores de Westringia fruticosa

Para ello se parte de las denominadas plantas madres seleccionadas por su sanidad vegetal, vigor, variedad, etc. De ellas, durante la primavera, verano y principios de otoño, se extraen trozos de tallo, eliminando las puntas que van a flor según la época del año en la que se encuentren. Estos tallos no suelen superar los siete u ocho centímetros.

Una vez cortados se plantas en bandejas de alveolos o pequeñas macetitas con un sustrato turboso y húmedo con pH ligeramente ácido y escasa fertilización, y enterrándolos no más de dos centímetros de su base.

En un ambiente con una humedad relativa saturada, una temperatura entre 18 a 22ºC y luz tamizada para que no se deshidraten durante el periodo de enraizado, los esquejes comenzarán a emitir sus raicillas sobre las dos o tres semanas y estarán completamente enraizados entre 45 y 60 días.

Estos esquejes se trasplantan a macetas mayores en el vivero y se le van sometiendo a tantas podas de formación como sean necesarias. A mayor tamaño más tiempo de cultivo.

Una vez formada las plantas se comercializan, normalmente centrando su venta durante la primavera.

La fertilización con un abono equilibrado más oligoelementos en fertirrigación, así como algún tratamiento fitosanitario en caso de aparecer un problema, serán prácticas culturales, junto con la poda para llevar a buen fin el cultivo de la Westringia fruticosa.

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