El trasplante de los Ficus 3

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ficus benjamina
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Trasplante directo al jardín

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, tanto el Ficus benjamina como el Ficus robusta, pueden crecer perfectamente al exterior, siempre y cuando las condiciones climáticas donde se encuentre sean benignas. Nos referimos principalmente a un clima que goce de inviernos suaves en el que las temperaturas, sobre todo las nocturnas, no se establezcan por debajo de los 2 ó 3 grados centígrados.

Cuando queramos disfrutar de un Ficus al exterior, dispondremos siempre de dos opciones, tenerlo enmacetado en un lugar apropiado en la terraza o jardín, o plantarlo en el suelo, con lo que se comportará como un árbol tal y como lo solemos entender.

En el primer caso, la metodología a seguir es la misma que la empleada en el caso del transplante a una maceta mayor. La diferencia en este caso es que la maceta a utilizar en el transplante corresponde por lo general a tamaños mayores de los habituales.

En el caso de que la exposición sea a pleno sol, son recomendables los macetones de barro o de plásticos de buena capa y preparados tanto para soportar el desgaste del sol, como para proteger a las raíces del calor excesivo que produce el sol al incidir de forma fuerte y prolongada sobre las paredes de dichos recipientes.

El motivo para elegir un tamaño mayor, corresponde a obtener una mejor estabilidad como respuesta a posibles vientos y a proporcionarle al Ficus una mayor cantidad de sustrato para que disponga de más reserva de agua y volumen donde desarrollar su sistema de raíces.

En cuanto al segundo caso, la metodología a utilizar es muy distinta. Lo primero será elegir el lugar en el jardín donde deseemos que esté. En este caso tendremos en cuenta que el Ficus se desarrollará en el tiempo notablemente y tendremos que tener presente que exista el adecuado espacio entre este lugar de plantación y la casa, piscina, etc. Para el caso del Ficus benjamina podemos tener presente que su altura en el tiempo se estabilizará sobre los 4 ó 5 metros de altura y unos 3 ó 4 metros de diámetro.

También tenemos que tener en cuenta el que la zona sea una de las más iluminadas de forma natural y a ser posible de las más cálidas. Recordemos que son plantas que prefieren temperaturas y ambientes agradables.

En el caso del Ficus benjamina no tanto, pero en el del Ficus elastica, debemos tener la precaución de elegir lugares que lo resguarden de posibles vientos fuertes ya que sus ramas no suelen ser muy robustas (leñosas) y vientos fuertes pueden romperlas con facilidad. Más aún cuanto más grandes son, dejando a la planta en un estado ornamental nada deseable. También cabe destacar que con el tiempo, ella misma tiene la capacidad de restablecer su aspecto estético.

Elegido el lugar, realizaremos un hoyo de dimensiones algo mayores al tamaño que requeriríamos en el caso de una maceta de transplante. Si es el doble no habrá ningún problema e incluso es deseable.

A la tierra desalojada le añadiremos un porcentaje del orden del 10 al 30% de sustrato preparado comercial, este caso de «tierra de exterior», para mezclarla. El porcentaje aportado variará en función de la calidad de la tierra del jardín, siendo mayor la tierra aportada en función de la peor calidad de la tierra original.

Una vez hecho el agujero de la plantación, recomendamos llenarlo de agua para que esta humedezca la mayor zona posible alrededor del hoyo. Una vez desaparecida el agua, procedemos a la incorporación de una capa de la tierra ya mezclada en la base del agujero. Esta capa debe ser tan gruesa como para que una vez dejada la planta en su interior, el nivel de la maceta original quede a unos 3 ó 5 centímetros por debajo del nuevo nivel que va a tener.

Ya incorporada esta capa de tierra, se retirará la maceta original del Ficus y se introduce este en el interior del hoyo, procurando que quede lo más céntrica posible. A partir de aquí, se rellenará con el resto de la tierra mezclada los laterales hasta que la planta quede completamente fijada al terreno, sin apretar excesivamente la tierra de alrededor del cepellón original.

Tras la plantación y nivelado con la mezcla de tierra el nivel que ahora posee el terreno, se puede pasar a realizar un pequeño montículo de tierra alrededor de la base de la planta para favorecer que el agua de riego que echemos se concentre en esta zona. Así realizaremos un par de riegos consecutivos tras la plantación y a partir de aquí tantos como las otras plantas del jardín lo necesiten.

En cuanto a las fechas de plantación, estas también guardan relación con los casos anteriores; desde finales de invierno como muy pronto hasta principios de otoño como muy tarde. Es importante saber que estos Ficus pueden tardar un año en trasmitir su verdadero vigor. Es muy normal que el primer año no crezcan mucho, y en cambio, a partir del segundo, muestran un crecimiento y vigor que nos hará sentirnos satisfechos de nuestro trabajo.

También es importante saber que el vigor y por lo tanto crecimiento del Ficus, siempre puede ser controlado mediante podas de formación que son tratadas en otro capítulo específico.

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Fernando Cuenca Vinculado con el sector de la horticultura y jardinería, ha desarrollado trabajos de dirección de cultivos ornamentales y revistas técnicas del sector. Actualmente es Director Comercial y Consultor de Condelmed, S.L.

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